martes 20 de octubre de 2009

Crisis, Ahorro y Endeudamiento


De acuerdo con los datos que acaba de difundir el INE, el ahorro de las familias se ha duplicado en tan solo un año, ascendiendo al 24´3% del PIB. Aunque el vocablo ahorro tiene unas connotaciones muy positivas el dato es simple y llanamente alarmante. Y lo es porque nos adelanta cuáles van a ser los derroteros inmediatos de la crisis. El ahorro excesivo es en parte el reflejo del miedo al futuro, y en parte la amarga herencia de los felices años del boom inmobiliario.

Ahorro es el dinero que dejamos de gastar en bienes y servicios, ya sea para depositarlo a plazo fijo, ya sea para amortizar deudas. La espiral de precios en el mercado inmobiliario obligó a los hogares españoles a contratar hipotecas cada vez mayores, a pesar de que las viviendas no crecían ni en dimensión ni en calidad. Si en 1999 el endeudamiento de los hogares equivalía al 49% del PIB hoy es justo el doble (el 100%): tendríamos que dedicar toda la riqueza producida en un año para pagar nuestras deudas.

Esto va a condicionar el comportamiento de la economía en el futuro inmediato: en los próximos años nos veremos obligados a trabajar para pagar deudas, no para disfrutar de nuestros salarios gastando en aquellos bienes y servicios que nos hacen más o menos felices. Curiosamente lo de menos es el fastidio que eso supone: si los ciudadanos se ven obligados a ahorrar para amortizar sus deudas, las empresas españolas encontrarán serias dificultades para colocar sus productos en el mercado español y si no pueden vender… ¿para qué van a contratar trabajadores?.

La solución podría venir, como ya ocurriera en el pasado, del sector exterior (exportar más), pero es difícil: hemos dedicado mucho dinero a desarrollar un sector inmobiliario hipertrofiado que prometía jugosas ganancias a corto plazo, y muy poco a invertir en capital físico y humano y cuya rentabilidad sólo se aprecia en el medio y largo plazo (demasiados albañiles, pocos investigadores…). Por ello nuestra productividad ha crecido muy poco: su ritmo de crecimiento es la mitad que en la Unión Europea. Resultado: somos menos competitivos, nos resulta cada vez más difícil exportar. Además, la incorporación al euro nos muestra ahora su cara menos amable: va a ser imposible devaluar la moneda como hacíamos en el pasado para compensar esa pérdida de competitividad.

Ciertamente, una pronta recuperación de nuestros principales socios comerciales (Francia, Alemania, Gran Bretaña, USA…) ayudaría muchísimo. Pero traerá consigo un efecto colateral indeseable: repuntará la inflación y el BCE iniciará una subida de tipos de interés que deprimirá el Consumo y la Inversión (por Ley al BCE la inflación le preocupa más que el desempleo).

En síntesis: el verdadero problema de la economía española es el elevado endeudamiento de las familias, no el mercado de trabajo. Y por ello sería muy apropiado que el Gobierno implementase alguna iniciativa para aliviar el endeudamiento familiar. El resto de medidas (Plan E, etc…) al soslayar este problema de fondo, son mero fuego de artificio, keynesianismo de baja intensidad cuyos efectos están condenados a diluirse como un azucarillo en una taza de café caliente.

En definitiva, resulta cuanto menos poco imaginativo azuzar el fantasma de la reforma laboral cada vez que la crisis campa por la economía española: que el mercado de trabajo no es el origen de la actual crisis está bastante claro, que una mayor flexibilidad laboral no es la solución, debería estarlo también. Baste recordar que el origen de la crisis se localiza en Estados Unidos, paradigma de la flexibilidad laboral. Flexibilizar el mercado de trabajo empobrece a los trabajadores sin enriquecer a la sociedad ¿De qué nos sirve entonces?

3 comentarios:

bengoetxe dijo...

El problema es que para desendeudar a la gente el Estado tiene que endeudarse y eso también tiene límites, aunque no creo que los hayamos alcanzado ni mucho menos. La cuestión es que hay que elegir bien los destinos de ese endeudamiento público. El formato indiscriminado, léase arreglar aceras, del Plan E, coincido contigo en que no ha servido más que para aguantar durante una temporada a unas cuantas empresas de la construcción y para hacer creer durante un par de meses que el paro había tocado fondo.

rafa hortaleza dijo...

buena entrada

José Francisco Bellod Redondo dijo...

Estoy de acuerdo. Muchas Gracias.