miércoles, 7 de abril de 2010

Raúl Castro y el Millón de Hombres


El presidente cubano, Raúl Castro, intervino el pasado 4 de abril en la clausura del IX Congreso de la UJC.

Como es habitual en estos casos, el dirigente aprovechó para repasar algunos de los retos más relevantes que enfrenta el país.

La prensa española ha prestado especial atención al discurso centrándose en los anuncios de naturaleza política. Es perfectamente lógico, teniendo en cuenta el reciente fallecimiento de un recluso en huelga de hambre y la vergonzosa y oportunista iniciativa del Partido Popular Europeo para degradar las relaciones Europa – Cuba.

A mí, sin embargo, por razones tanto profesionales como ideológicas, lo que realmente me ha llamado la atención es la explícita referencia que hace el presidente Castro a la ineficiencia de la economía cubana y al reto que esto implica.

El discurso puede encontrarse en Granma y reproduzco literalmente el texto al que me refiero:


Si mantenemos plantillas infladas en casi todos los ámbitos del quehacer nacional y pagamos salarios sin vínculo con los resultados, elevando la masa de dinero en circulación, no podemos esperar que los precios detengan su ascenso constante, deteriorando la capacidad adquisitiva del pueblo. Sabemos que sobran cientos de miles de trabajadores en los sectores presupuestado y empresarial, algunos analistas calculan que el exceso de plazas sobrepasa el millón de personas y este es un asunto muy sensible que estamos en el deber de enfrentar con firmeza y sentido político.”


El problema es realmente grave, porque lo que describe es la dinámica en que de forma sistemática han caído las economías que han seguido el modelo soviético: inflar plantillas para mantener artificialmente bajo el desempleo, congelar precios para mantener artificialmente altos los salarios reales… Una mala concepción de los principios obreros que debían inspirar la política económica se tradujo en inflación reprimida y desincentivo al trabajo. En definitiva: un modelo de planificación económica empobrecedor, en lo material y en lo espiritual.

Que el presidente Raúl Castro ponga el problema encima de la mesa ya es de agradecer: reconocer los problemas es el primer paso para solucionarlos.

El dilema admite varias soluciones posibles para todos los gustos.

Yo enumeraré algunas, sin ánimo alguno de exhaustividad.

Primera Opción: Mantener el statu quo. Dejar que las cosas sigan su inercia. Como comunista me parece inaceptable por varias razones. Si Marx nos animó en sus tesis sobre Feuerbach a mirar al mundo con ánimo de intervenir, de actuar, de transformarlo, la actitud de limitarse a negar la realidad no parece que se compadezca demasiado con el pensamiento marxista. Además, no intervenir es contrario al ideal socialista. El Socialismo se define, entre otras cosas, por la subordinación de la economía los intereses de los ciudadanos, invirtiendo la lógica capitalista en la que el ser humano es una cosa al servicio del sistema. El Socialismo implica transitar del “Reino de la Necesidad” al “Reino de la Libertad”, y ese tránsito no es espontáneo, hay que organizarlo: la política económica es una herramienta para ello. En el Socialismo, con mayor o menor grado de descentralización, debe existir un órgano coordinador de las decisiones económicas que garantice esa subordinación. El objetivo final es que los ciudadanos dispongan simultáneamente de más bienes materiales (dentro de los límites que imponen los principios ecológicos) y más tiempo libre. En el Socialismo hay que organizar deliberada y concientemente el incremento de la productividad para conseguir más bienes con menos tiempo de trabajo… y que además esa ganancia sea para todos, no para unos pocos privilegiados o afortunados. La inhibición del Estado en materia de política económica es contraria a los principios básicos del Socialismo. La inhibición fue el leiv motiv de la economía soviética en la nefasta etapa de Brezhnev. Y así les fue: Brezhnev sentó las bases para la crisis de la economía soviética y la vuelta al capitalismo.

Segunda Opción: Despidamos a 1 millón de hombres. Es lo que en España conocemos como “reconversión”. Si las plantillas están infladas, podría despedirse a los trabajadores excedentarios sin que la producción de bienes y servicios experimentase ninguna merma. Paralelamente se reduciría o eliminaría el pago de salarios correspondientes a esos trabajadores. El resultado final sería menos dinero en el mercado “a la caza” de las mismas mercancías, es decir, un aumento de los salarios reales de aquellos cubanos que no hubiesen perdido sus empleo… a costa del millón de trabajadores despedidos. Es una reconversión netamente capitalista. Además de ser una solución ideológicamente inaceptable conlleva problemas prácticos y puede conducirnos a una economía igual de ineficiente que la actual pero con mayores desigualdades. ¿Quién asegura que entre el millón de trabajadores despedidos no se encontrarán trabajadores eficientes? ¿Y que se espera de ese millón de ciudadanos? ¿Qué deambulen en busca de empleo? ¿Y dónde lo han de encontrar sino en empresas estatales? Salvo que se pretenda que organicen sus propias empresas ¿con qué dinero?

Tercera Opción: Reconstrucción Socialista. Si hay 1 millón de personas ociosas apliquemos su tiempo y esfuerzo a tareas útiles. Veamos el lado positivo del problema. Cuba es un país con una enorme cantidad de necesidades insatisfechas: la vivienda, la producción de alimentos en la cantidad y variedad adecuadas, las infraestructuras de todo tipo… son tareas que requieren atención y recursos. El principal recurso es el trabajo humano y lo ideal sería trasvasar de modo planificado ese millón de trabajadores desde puestos improductivos a esta serie de tareas para que, con la reforma, todos los ciudadanos salgan ganando, al menos todos los que quieran seguir vinculados constructivamente al proyecto socialista. Esto no implica la imposibilidad de periodos transitorios de desempleo. De hecho implica también costes monetarios y de tiempo. El factor trabajo, contrariamente a lo que indican los manuales de microeconomía burguesa, no es un factor homogéneo: no puede pasar de un mercado a otro aun en ausencia de trabas legales. Si sobran contables y faltan albañiles lo cierto es que los contables no pueden convertirse en albañiles de la noche a la mañana: hace falta adiestramiento, y esto no es gratuito ni inmediato. Y aunque lo fuera, un contable no tiene por qué estar dispuesto a esa reconversión: generalmente la gente rechazará renunciar a los puestos burocráticos (que requieren un esfuerzo intelectual relativamente alto, y un esfuerzo físico relativamente bajo) por puestos de trabajo más productivos (pero más intensivos en esfuerzo físico o más monótonos). Esto plantea un problema de incentivos: cómo animar ese trasvase de recursos humanos entre puestos de trabajo. Por si ello fuera poco hay que evitar efectos perversos: ¿quién exactamente integra esa lista de trabajadores excedentarios? Si el procedimiento de selección es errado podría resultar que fueran los trabajadores más productivos los que fueran expulsados de sus puestos de trabajo, con la merma general de productividad para el conjuntote la economía. Además, la reconstrucción no es gratuita. Existe una insidiosa propaganda burguesa que indica que los trabajadores cubanos son perezosos por naturaleza y que esa es la causa de su baja productividad. Puede, efectivamente, haber casos de falta de ética laboral, pero seguramente, si los trabajares cubanos no hacen todo lo que pueden es por que se enfrentan a problemas prácticos tales como falta de suministros o herramientas indispensables para la producción, un erróneo diseño de los puestos de trabajo. Es cierto que los trabajadores cubanos pueden hacer más pero no depende principalmente de ellos, sino de una adecuada planificación. Es posible que surjan situaciones de desigualdad pero el debate sobre el igualitarismo es bastante estúpido: lo que diferencia al Socialismo del Capitalismo no es la desigualdad de los individuos sino el origen de esta. La desigualdad de ingresos debida a una distinta productividad es perfectamente legítima (“a cada uno según su trabajo…”) la desigualdad capitalista, basada en la tenencia o no de medios de producción (yo tengo tierra, tu no) no es legítima en el Socialismo. Si es a base de trabajo personal y no a base de explotar trabajo ajeno, dejemos que el ciudadano se haga tan rico como pueda porque sus mayores ingresos estarán en justa correspondencia con ese mayor esfuerzo personal que se requiere a día de hoy en la economía cubana. Permitamos que el individuo recupere la confianza en el sistema. Una segunda diferencia entre ambos sistemas es la actitud ante la desigualdad: el Estado socialista debe vigilar la evolución de las desigualdades, no ser diferente ante ellas y promover activamente la productividad de todos.


Cuba cuenta con un enorme capital intelectual en todos los ámbitos científicos, también en el de la Economía. Y probablemente los especialistas cubanos ya disponen de un buen abanico de análisis, un catálogo de posibles actuaciones.

Lo he podido comprobar gracias a la globalización de las comunicaciones.

Pondré dos ejemplos.

En el portal EUMED podemos encontrar un apartado en el que, casi a diario, profesores cubanos publican análisis muy concretos en materia de contabilidad, gestión empresarial, etc.

También son accesibles por Internet algunas publicaciones del prestigioso Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), radicado en La Habana.

Animo a quienes deseen aprender sobre la economía cubana a tomar información directamente de estas fuentes “autóctonas”.

sábado, 3 de abril de 2010

Yatrogenia Cubana


Hay ocasiones en que un medicamento es tan fuerte y su tratamiento tan prolongado que acaba por ser nocivo para la salud. El tratamiento se vuelve tan agresivo que resulta más perjudiial que la enfermedad que trata de curar. Como la quimioterapia: que cura el cáncer, pero que si se prolonga, quema por dentro al paciente, quema órganos sanos.

Eso es lo que técnicamente se llama yatrogenia.

La Revolución Cubana ha recibido numerosas agresiones físicas y morales desde sus comienzos por parte del Gobierno norteamericano. Han sufrido terrorismo, pero terrorismo del de verdad: bombas colocadas en aviones, en empresas, quema de cosechas. Los hipócritas defensores del multipartidismo han matado más gente en Cuba que ETA en España. Si condenamos a ETA (como no puede ser de otra manera), ¿por qué transigimos con aquellos? Porque desde 1936 hacia acá los españoles decimos "sí, bwana" a todo: durante 40 años nos enseñaron a ser caniches obedientes y aquí no se ha olvidado la lección.

Frente a esas agresiones la Revolucion Cubana tuvo que desarrollar un amplio y probablemente costoso sistema de seguridad militar, y leyes verdaderamente represivas de libertades individuales: era la medicina contra el cáncer terrorista.

El problema es que los legítimos mecanismos de seguridad se volvieron tan intensos e indiscriminados que, además de lograr mantener a raya las intentonas terroristas de la mafia de Miami, acabaron quemando injustamente a gente que no sólo no era enemiga del sistema, sino aliada natural (como es el caso de muchos intelectuales, homosexuales, probablemente sindicalistas, troskistas...).

Pero el dilema estaba y está ahí: ¿no tiene la Revolución derecho a defenderse? ¿no debe incluso nmaltratar a quienes tratan de maltratarla?

Eso aquí no se entiende. Recordemos que este es un país que vendió su soberanía militar a la OTAN como pasaporte a la prosperidad (sin OTAN no entramos en la Unión Europea).

Cuba tiene que salvarse porque de lo contrario se manda un mensaje fulminante a todos los movimientos progresistas del mundo: el que no acepta el yugo imperialista, perece.

Pero Cuba, como los buenos médicos, ha de repensar los límites de los tratamientos que aplica. Tiene que evitar la yatrogenia.

El Gobierno Cubano debería pensar qué hay que hacer para que la gente recupere la confianza en el sistema. La unidad del país no puede sustentarse exclusivamente en la disciplina militar diseñada para repeler las agresiones imperialistas. Porque los mecanismos militare stienen límites: sirven para derribar portaviones pero no sirven para hacer crecer patatas en el campo. Sirven para trasladar órdenes, pero reprimen la creatividad del individuo.... incluso del individuo que cree en el proyecto comunista.

No creo que el multipartidismo sea la solución: los mismos que esperan lanzarse sobre Cuba con maletines repletos de dinero para montar el futuro PP cubano, el futuro PSOE cubano... esos son los mismos que han llenado de ladrones nuestros ayuntamientos, nuestras comunidades autónomas,han organizado el genocidio de Iraq.

Ciertamente el episodio de las Damas de Blanco es digno de reflexión: es normal que salgan a la calle. Puede que objetivamente estén colaborando con la contrarrevolución, pero no me creo que sea todas ellas (ni siquiera la mayoría) agentes de la CIA. El problema es que el mundo debería ver que sistemas políticos alternativos al cubano tratan peor a sus ciudadanos: ¿de verdad vive peor una de esas Damas de Blanco que una de esas jóvenes mujeres torturadas y asesinadas a diario en México? México es como España: un país capitalista y multipartidista ¿qué garantías ofrece a sus ciudadanas? Podíamos decir otro tanto de Brasil: un país en el que ha quedado demostrado que aún existe la esclavitud ¡la esclavitud!

Tampoco seamos ingenuos: en los medios de comunicación occidentales se da cobertura mediática a quien protesta contra el régimen. ¿Alguien se ha preguntado, por ejemplo, cuánta gente hay en huelga de hambre HOY en España? Pues la hay ¿Por qué entonces se nos informa a diario de la situación de un tal Fariñas mientras se ningunea al ciudadno español de a pie que protesta?

¿Por qué en los medios españoles no se muestran imágenes de la policía golpeando a los manifestantes republicanos?... a la gente de la UJCE, del PCE...

Me siento solidario con Cuba y con su Revolución, y creo que es posible conciliar el legítimo derecho a la autodefensa con una participación más activa y creativa de los ciudadanos en la construcción del Socialismo. Y el que quiera desvincularse, allá él.