Estupefacto: así me he quedado leyendo “La Fiesta y la Cruzada” de Mario Vargas Llosa en la edición dominical de El País (28 de agosto). No entiendo en modo alguno el servilismo clerical que destila en cada párrafo y el flaco favor que con sus palabras hace a quienes, como él, se ufanan de ser auténticos liberales.
Empezaré por admitir, una vez más, que Vargas Llosa es mi escritor favorito (lo cortés no quita lo valiente) a pesar de la irreconciliable distancia ideológica que media entre nosotros. Creo que merecía el Nobel. Es más: se lo tenían que haber dado mucho antes. Pero la lectura de este artículo me ha conmocionado: ayer mismo terminé de leer su monumental “Conversación en la Catedral” (me ha llevado dos años), y no reconozco a su autor en el panfleto papista.
En este artículo, con ocasión de las recientes Jornadas Mundiales de la Juventud, Vargas Llosa reflexiona sobre el papel liberador y progresista de la religión (católica), y de la incapacidad de la cultura para llenar ciertos espacios espirituales del individuo, espacios que pueden ser completados exitosa y oportunamente por la religión. Aprovecha de paso para elogiar el papel de la Iglesia Católica y trazar un perfil hagiográfico de Benedicto XVI (Ratzinger Z).
Ya de por sí, la tesis anterior se compadece poco con los ideales del liberalismo clásico, pero es que una lectura detenida nos deja mucho más perplejos. Tan perplejos que una y otra vez tuve que mirar el encabezado para comprobar que el autor era realmente Vargas Llosa. Y encima lo hace con un estilo literario pobre, como un cronista del NODO… ¿Exageración? Juzguen uds: “Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática”… “creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en los que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos”. ¿Debemos? ¿De verdad es propio de un liberal pretender que TODOS DEBAMOS alegrarnos de la unidad en torno a la Cruz? ¿Y por qué no de la unidad de todos bajo el yugo y las flechas? Esa gris alegría, ese dudoso júbilo, ya la disfrutamos en España durante 40 años y aún lo lamentamos.
Lo confieso: a cada momento me asaltaban las dudas sobre la autoría del artículo ¿Habrá contratado por error a algún “negro” poco experimentado y ha mandado esto a la rotativa sin la supervisión del maestro? Lo digo totalmente en serio. En ocasiones los artistas como él tienen tantos compromisos (conferencias, entrevistas, promoción de libros…) que no pueden cumplir con todos… y ahí entran en juego los “negros”… No es indigno, pero puede conducirte a situaciones incómodas.
Pero lo más seguro, y lo más triste, es que el artículo sea realmente se Vargas Llosa.
El artículo en sí tiene mucha utilidad para quienes quieran comprender como funciona, en el fondo, el alma de un liberal. O mejor deberíamos decir neo –liberal, denominación que éstos admiten con disgusto. En (neo)liberal es aquél que presume de amor por la libertad, pero que no hace nada práctico por ella. No ama a los “hombres libres” sino la “idea de Libertad”, como Platón no amaba las “cosas bellas” sino la “idea de Belleza”. En la práctica, los (neo)liberales tienen un sentido muy restringido de la libertad: son los que miran a otro lado mientras la policía golpea a los rojos. ¿Los fascistas? Los fascistas son los que hacen el trabajo sucio a los liberales: los que barren las calles para que aquellos puedan pasearse a gusto con sus relojes y sus cadenitas de oro.
¿Por qué digo esto? Miren: “las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba «un blanco horror de Belcebú», rezaban el rosario”. Resulta muy revelador la gran sensibilidad que muestra Vargas Llosa ante la inofensiva agresión sufrida por estas niñas ametralladas con una lluvia de “goma lubricada”, y el absoluto silencio ante las brutales agresiones policiales a base “goma-no-lubricada-en-forma-de-porra” que la policía nacional ha perpetrado contra miles de españoles desde que comenzó la crisis. Porque la policía pega y pega mucho, y no sólo con ocasión de la visita del Papa. A Vargas Llosa parece preocuparle mucho la interrupción de las oraciones de estas virginales adoradoras del Papa, pero no menciona en absoluto la política de violencia desplegada por el Gobierno contra aquellos que en estos momentos de crisis cuestionan el Capitalismo, la Monarquía o los privilegios de la Iglesia Católica. Siendo liberal: ¿por qué no protesta contra la vulneración de los derechos constitucionales de reunión y manifestación perpetrados por el Gobierno?
Lo mismito que Rubalcaba, que justificaba la violencia policial contra los acampados del 15 – M en la Puerta del Sol, aduciendo que no es justo ni razonable que “200 personas pongan patas arriba una ciudad”; pero sin embargo no justifica despliegue alguno contra la docena de banqueros que han puesto patas arriba la economía de este país. ¿Quién ha generado más sufrimiento: los del 15 – M o los banqueros? ¿Quién merece ser reprimido?
Sin duda, es un artículo que merece ser leído porque nos ayuda a comprender en qué piensan los que gobiernan el mundo: “la cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público”.
Justifica Vargas Llosa la evolución personal de Benedicto XVI que otrora fuera un intelectual aperturista, y luego se convirtiera en rector de la actual Inquisición (Congregación para la Doctrina de la Fe) para reprimir a sus antiguos correligionarios. Los justifica por el honorable deseo de evitar la desintegración de la Iglesia. ¿No es más razonable pensar que el giro del Sr. Ratzinger obedeciera a razones más espurias? ¿Que sumándose a las posiciones fundamentalistas de Juan Pablo II sería más fácil escalar posiciones en la jerarquía vaticana?
Olvida Vargas Llosa la característica dicotomía entre “lo ético” y “lo estético” tan propia del catolicismo. En el mundo católico lo esencial es la “estética”: aparentar públicamente que se cumple con los preceptos de la Iglesia. El comportamiento privado (la “ética”) es irrelevante. Es importante manifestarse públicamente contra el aborto, pero es irrelevante si en privado llevas a tu hija a abortar. Es importante protestar contra el uso del preservativo: el Papa no estará con su linterna para comprobar si tu coito se ajusta a las exigencias de la fe. Es importante dar limosna en público, hacer ofrendas a esos ídolos imaginarios de madera que plagan nuestras Iglesias (Vírgenes y Santos): en privado puede robar a gente de carne y hueso su salario, su casa… Lo imprescindible en la Iglesia son las adhesiones públicas a la organización. Pasaba igual en la Unión Soviética: lo relevante no era “ser” comunista sino “tener” carné del Partido Comunista. La Iglesia no te pedirá que “seas” un verdadero cristiano: no te pedirá que renuncies a la riqueza para seguir a Cristo, no que pongas la otra mejilla…
No comprendo qué papel progresista puede encontrar Vargas Llosa en una organización así, una organización en la que proliferan los grupos hambrientos de poder y dinero, y que no dudan en utilizar la coacción y la discriminación contra los que se oponen a sus intereses. No me parece “liberal” transigir con ese estado de cosas. “Mientras no tome el poder político la religión no solo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática”: pues hace siglos que la Iglesia se dedica a otras actividades que van más allá de la mera administración de Sacramentos y la acumulación de poder político es precisamente una de ellas.
De hecho, si de la Iglesia dependiera, buena parte de la obra de Vargas Llosa no habría sido publicada (demasiadas pajas, putas y maricones) y ciudadanos como yo no habríamos tenido el impagable placer de disfrutarlas.

1 comentarios:
Excelente articulo
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