
Pocas veces un vocablo financiero ha sido asimilado tan rápidamente por amplias capas de población como en el caso de la “prima de riesgo”. Y para desgracia nuestra, porque se ha convertido en un perverso y estresante termómetro de la temperatura especulativa del país.
Como sabrán a estas alturas, la prima de riesgo es la diferencia entre el tipo de interés ofrecido por la deuda pública de un país (por ejemplo España) y el ofrecido por la deuda pública de un país de referencia con elevado prestigio y al que se le tiene por muy seguro (por ejemplo Alemania). Esa diferencia viene a medir el riesgo de invertir en España en vez de hacerlo en Alemania. La realidad es más compleja: al contrario que un termómetro, que nos ofrece una medición objetiva, la prima de riesgo es fácilmente manipulable por los especuladores a su conveniencia. Y esa manipulación acaba afectando, para mal, a la economía real.
En el contexto crítico actual, la prima de riesgo está siendo utilizada como indicador de la mayor o menor bondad de la política económica que se aplica frente a la crisis. Así, se espera que una política económica que genere “confianza” (esa etérea virtud de la que se ha apropiado la derecha) aleje los ataques especulativos y reduzca la prima de riesgo.
Siguiendo la lógica mental conservadora (PP – PSOE), las reformas que reducen el peso del Estado en la economía y flexibilizan (precarizan) el mercado de trabajo, infunden confianza y reducen la prima de riego.
Pues mal vamos.
Primero: desde que a comienzos de septiembre se aprobó la reforma del artículo 135 de la Constitución Española la prima de riesgo ha seguido subiendo. Los ataques especulativos no se han detenido ¿De qué ha servido entonces esa reforma sino para ofrecernos el lamentable espectáculo de unos partidos arrodillados ante los mercados? Gracias a PP y PSOE los ciudadanos ya sabemos que la Constitución no nos pertenece.
Segundo: a pesar de que muchos dan por descontada una victoria arrolladora del PP en las elecciones del próximo domingo la prima de riesgo ha seguido subiendo conforme nos hemos acerca de al 20 – N ¿De qué nos va a servir entonces el cambio de Gobierno? Los especuladores creen que Rajoy lo puede hacer tan mal como Zapatero y eso les viene bien a ellos: continuará una política que ha debilitado nuestra economía real y nos ha desprotegido frente a la especulación.
Y tercero: curiosamente la prima de riesgo se acerca a toda máquina a los niveles que teníamos en la época de la peseta ¿para qué ha servido entonces incorporarnos al euro y todas las políticas antisociales que ha traído consigo para defenderlo en los mercados, amén de las subidas de precios que hemos tenido que soportar?
La prima de riesgo mide la voracidad de los especuladores. Lo que España y Europa necesitan son políticas que activen el crecimiento: gasto público socialmente útil y dinero prestado directamente por el BCE a los Gobiernos, sin intermediarios. Y reformas legislativas que limiten la especulación y resten margen de maniobra a los especuladores: por ejemplo prohibiendo el comercio de determinados productos financieros o gravándolos con una tasa que les rete atractivo.
En cualquier caso, debemos ir pensando que uno de los problemas de fondo es que no podemos aceptar que los mercados financieros sean árbitros de la bondad de nuestra política. La función de quienes nos gobiernen no es satisfacer a los mercados sino dar respuesta a los 5 millones de desempleados. Los especuladores tienen nombre y apellidos: si no saben hacer algo socialmente útil con su riqueza lo mejor es despojarlos de ella.

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