
Uno de los mayores logros del sistema ha sido desactivar la conciencia de clase de los trabajadores europeos. También en España. Ha sido un proceso lento y largo pero que ahora se acentúa rindiendo unos magníficos frutos políticos al sistema.
La situación me recuerda la trama de “Los Otros”, la oscarizada película de Alejandro Amenábar. Ya saben: esa en la que los protagonistas (Nicole Kidman y sus hijos) creen vivir en una mansión habitada por fantasmas, difuntos venidos de ultratumba,… seres que les acechan, que les atacan… cuando en realidad los muertos son ellos. Esa incapacidad de reconocerse a sí mismo en el contexto en el que uno vive, esa incapacidad para reconocer al de enfrente, las relaciones que les unen y las contradicciones que les separan, esa alienación, en definitiva, es el ingrediente principal de la propaganda que se ha proyectado y se proyecta sobre la ciudadanía, particularmente sobre los asalariados.
Eso ha permitido al sistema sustituir la “lucha de clases” por la “lucha de pobres”.
Se nos dijo que la “lucha de clases” era un concepto obsoleto, y al albur de aquellos cantos de sirena disolvimos los partidos comunistas (no en España, afortunadamente); convertimos los sindicatos en empresas de servicios, en meras asesorías laborales; nos iniciamos en el gusto burgués por el lujo y la ostentación (ese dúplex, ese bodorrio, ese 4x4…), y nos revolcamos con ellos en las infecciosas aguas de la especulación inmobiliaria. Nos enseñaron a mirar con desdén desde la altura de nuestros menguantes balcones, las manifestaciones de aquellos que no habían sabido sacarle partido al “boom” inmobiliario. Lograron que nos creyésemos, en definitiva, que no éramos obreros, ni siquiera asalariados: todos, “los de arriba” y “los de abajo”, todos éramos “clase media”.
Así que cuando llegó la crisis buena parte de la ciudadanía se encontró organizativa e ideológicamente desarmada. Y ese desarme ha sido fundamental para que el PSOE aplicara políticas de ajuste neoliberales… políticas que pueden agravarse con el inminente nombramiento del Sr Rajoy como Presidente del Gobierno.
Ese desarme ha facilitado las políticas de ajuste porque ha limitado la contestación ciudadana en las urnas y en la calle.
Lo han hecho, en primer lugar, logrando que nos olvidásemos del verdadero origen de la crisis: ¿quién recuerda ya aquello del las “hipotecas subprime”? ¿Y los “activos tóxicos”? ¿En qué ha quedado lo de “reinventar el capitalismo”? ¿Qué medidas se han tomado contra los especuladores y contra las operaciones especulativas? En la agenda política ya no hay ni rastro de aquello.
Este “borrado de memoria” instrumentado por los medios de comunicación afectos al sistema y sus instituciones (entre ellas los partidos políticos burgueses) y todo el entramado social dependiente de la financiación público – empresarial, ha permitido restaurar la creencia de que “los de arriba” son ricos porque son sabios y que a ellos corresponde articular el plan (inteligente) para salir de la crisis. Han recuperado en pocos meses el prestigio perdido con el rosario de quiebras y suspensiones de pagos, despidos, indemnizaciones de lujo para los malos gestores, etc. Hoy los empresarios vuelven a presentarse ante nosotros como la gente capaz de resolver esto: y el mensaje ha calado.
Han logrado restaurar la “Teoría de la Migaja”: “cuanto más próspero sea tu jefe, más gorda será la migaja caída de su mesa que podrás llevarte a la boca”, te conviene hacer lo posible para que tu jefe prospere, lo que es bueno para él es bueno para ti… La implicación es clave: la salida de la crisis no puede implicar tocar ningún derecho, ningún privilegio de ”los de arriba”. Habrá que probar, entonces, con sucesivos ajustes que recaigan sobre “los de abajo”. Y ahí están esos llamamientos a la unidad de todos para salvar el país… como si lo hubiésemos estropeado entre todos. Y ahí están los empresarios liderando el gran combate nacional contra la crisis… No nos debe extrañar que se califique de enemigo, de poco patriota, a aquel que salga a la calle a manifestarse contra el inteligente plan que nos tienen preparado… ya saben… una campaña fascista tipo “Agua para Todos”… contra aquellos que discrepemos de los ajustes. Hay que aprender a joderse, como Benigna, la protagonista de “Misericordia” de Pérez Galdós, la sirvienta que salía a mendigar por las calles de Madrid para dar de comer dignamente a sus señoritos…
Y han conseguido que “los de abajo” veamos como enemigos a “los de enfrente”, a aquellos que están en tan mala situación como nosotros: ya que sobre los ricos no es oportuno descargar el ajuste, debemos descargarlo sobre “los otros”, los de al lado, esos que llevan una vida de explotación paralela a la nuestra. Han conseguido que los trabajadores tengan tal rigidez en los músculos del cuello (y tal rigidez cerebral) que somos incapaces de mirar hacia arriba buscando responsabilidades: hablamos de privilegiados y pensamos que cualquiera de “los de enfrente” que gana al mes 100 € más que nosotros, o que tiene un empleo algo mejor que nosotros, es el culpable de nuestros males. Llamamos erróneamente privilegiado al trabajador fijo o al funcionario, y olvidamos la vida de lujo y obscena ociosidad de los millonarios de verdad.
Y en vez de reclamar un esfuerzo a los de arriba, reclamamos a los ricos que sean severos con los otros pobres. Y ellos, desde arriba, disfrutando de “lo suyo” mientras en el infierno los pobres se achicharran. Efectivamente, han logrado sustituir la lucha de clases por la lucha de pobres. Mal vamos.

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