
El Banco Central Europeo (BCE) acaba de inyectar casi medio billón de euros al sistema financiero. Se trata de una operación de préstamo a tres años, al 1% de interés, por importe de 489.200 € que se han repartido 523 entidades bancarias. Las bolsas europeas, de inmediato, han reaccionado con importantes subidas, como hacen siempre que hay buenas noticias para el capital.
La noticia es susceptible de diversas interpretaciones. En sí misma no es mala: lo malo es que llega tarde y mal.
Llega tarde porque la crisis dio su primer aldabonazo en agosto de 2007, cuando el súbito incremento de la morosidad hipotecaria en Estados Unidos provocó la quiebra de un par de fondos de inversión europeos y varios bancos estadounidenses: la burbuja inmobiliaria había implosionado y la incertidumbre empezó a envenenar el sistema financiero, colapsando el crédito. Un año después quebraba el banco estadounidense Lehman Brothers, del que Luis de Guindos (nuevo ministro de Economía) era el principal directivo en la delegación de España.
En agosto de 2007 se produjo una inyección masiva de dinero barato concertada con otros bancos centrales: 95.000 millones de euros. Siguieron otras. Pero las características de la operación revelaban anunciaban su ineficacia: el BCE no admitía que el capitalismo estuviese antes una crisis estructural, de largo plazo, así que se ha limitado a conceder crédito a muy corto plazo (una semana, un mes…) y con lo compromiso tácito de que no se utilizará para refinanciar a familias atrapadas en créditos hipotecarios.
En tales condiciones el dinero no podía fluir a familias y pequeñas empresas, carentes de los canales de crédito privilegiados de que disfrutan las multinacionales. Y el consumo no podía despegar. Y la economía europea (y la española en particular) se empantanó, como era de prever.
La nueva operación llega tarde porque hemos perdido un tiempo precioso: dinero barato y abundante y a largo plazo hace tiempo que los estábamos esperando. El capitalismo no puede crecer sin crédito abundante que fluya hacia las masas: de otro modo no se puede absorber ese ejército de mercancías que la producción masiva lanza a los mercados. Se necesita que los capitalistas pongan en circulación la plusvalía extraída a los trabajadores y eso sólo puede hacerse mediante inversiones o mediante créditos (o mediante impuestos).
Esta operación además llega mal: el dinero fluirá a los bancos, que lo acumularán como colchón de seguridad hasta que lleguen tiempos mejores. Mientras, el dinero permanecerá inmovilizado: como es muy barato (un tipo de interés menor que la inflación) los bancos pueden permitirse ese lujo. Así el dinero no fluirá ni al Estado, ni a las familias ni a las pequeñas empresas y el crédito no cumplirá la función económica y social que la sociedad exige en estos momentos. Los bancos se comportan como osos ante la llegada del invierno: se atiborran para acumular energías con las que alimentarse durante la hibernación. Y cuando llegue la primavera, los osos despertarán y lo que haya ocurrido fuera de la cueva es cosa que ni les va ni les viene. Y lo mismo pasará con los bancos: se han aprovisionado bien para la tormenta, para prevenir situaciones de iliquidez… el tiempo juega a su favor y en contra de los ciudadanos.
Llama la atención el importe inyectado (equivalente a la mitad del PIB español) y el número de entidades beneficiarias (523). Los números no engañan: una grave tormenta se cierne sobre los ciudadanos europeos y ellos, los bancos, lo saben. La crisis va para muy largo, y los ciudadanos vamos quedarnos a la intemperie mientra la banca hiberna plácidamente con el estómago repleto de billetes de 500 €. Gracias por avisarnos… aunque haya sido de forma tan sutil e indirecta.
En lo tocante a España, el Sr Rajoy ya ha tenido oportunidad de descender desde su particular Olimpo mental (ese en el que proliferan las vaguedades intelectuales del tipo “hay que hacer… lo que hay que hacer”… “hay que apoyar… a quien hay que apoyar”… y que ponen en seria duda la autonomía mental de su autor) hasta el pedestre terreno de lo concreto. Y lo que ha concretado asusta y decepciona: ni una sola palabra sobre atajar la especulación ni a los especuladores, nada sobre penalizar con tributos las actividades especulativas, ni sobre la dación en pago… nada. El Sr Rajoy tiene una sola intención en el ámbito financiero: promover una segunda oleada de fusiones bancarias apadrinadas con dinero público. Es decir, una segunda vuelta de tuerca a la misma política del Sr Zapatero, que se ha traducido en pérdidas de empleos el sector, peor servicio a los clientes y, sobre todo, la formación de un nefasto sector oligopolístico con el dinero de todos (FAAF, FROB). Proceso que, para más INRI, va a ser dirigido por el Sr Luis de Guindos, un ministro cuya trayectoria está marcada – salpicada de apasionadas connivencias con el sector financiero (ha sido presidente de Lehman Brothers, directivo de Cajamurcia, directivo de Price – Waterhouse…etc) . Puestos a retorcer el lenguaje, en el PP quizá han pensado que es mejor emplear el término “tecnocracia” donde debería decir “conflicto de intereses”.
Proletarios de todos los países. Avisados estáis: preparaos para la hibernación.

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