viernes, 24 de junio de 2011

QE2: Negro Horizonte Monetario


La Reserva Federal (el banco central estadounidense) acaba de anunciar que a partir de julio dará un giro restrictivo a la su política monetaria. Para ello pondrá fin al programa QE2 consistente en inyectar dinero fresco a la economía mediante la compra de deuda pública norteamericana en el mercado.

Desde el inicio de la crisis, la Reserva Federal había mantenido una política de dinero barato y abundante que ha contribuido a evitar el desplome del PIB en Estados Unidos. Con esa filosofía, radicalmente opuesta a la practicada por el Banco Central Europeo (dinero barato pero escaso) se ha inyectado 600.000 millones de dólares y se ha evitado el desplome del Consumo y la Inversión.

Ya el año pasado el presidente Obama decidió abandonar las políticas keynesianas y su discurso se centra ahora en combatir el déficit público: lamentable que el gobernante más poderoso del mundo sea rehén de falacias intelectuales desmentidas por la Historia. Son las mismas políticas que arruinaron Argentina y la condujeron al “corralito”.

La noticia es mala porque elevará los tipos de interés y contraerá la demanda agregada. Por desgracia para nosotros, Europa no se librará de los efectos de esta política: al debilitarse la economía norteamericana también lo harán sus importaciones, así que los productos europeos tendrán más dificultad para ser vendidos allí, lo cuál generará desempleo aquí. Además, la reducción de liquidez puede provocar una fuerte caída de las bolsas de valores: los inversores venderán sus acciones para adquirir bonos, que ofrecerán entonces un tipo de interés mayor al actual y todas las bolsas, a nivel mundial, pueden resentirse con ello.

En síntesis, el fin de la política monetaria expansiva en Estados Unidos puede asestar un severo golpe a la débil economía europea.

Ciertamente, nunca he sido partidario de hacer descansar nuestras posibilidades de recuperación en la política monetaria. Al contrario: el dinero barato no es suficiente, hay que conducirlo inteligente y selectivamente a manos de aquellos que pueden hacer algo útil con él.

Keynes ya demostró en 1936 que en tiempos de crisis el dinero barato no se traduce en inversión, en construcción de nuevas fábricas, ni en compra de maquinaria: no sirve para reducir el desempleo porque acaba en manos de los ricos, que lo atesoran para especular. Él lo llamó la “trampa de la liquidez”. El libre mercado sólo facilita el acceso al dinero a aquellos que ya tienen dinero y a aquellos que lo utilizan para especular: los bancos, llevados por su miopía y su codicia, sólo ofrecen dinero a quienes pueden garantizar su devolución; tratando de protegerse de la insolvencia los bancos reducen los préstamos, retienen el dinero... y crean más insolvencia.

Por eso la política monetaria requiere regulación y coordinación con la política fiscal: hubiera sido necesario un programa europeo de reducción progresiva del déficit, sin recortes traumáticos del gasto público, y haber obligado al BCE a comprar la nueva deuda pública de los Estados en crisis para que la amorticen una vez pasado el vendaval. Habríamos evitado así tener que “acudir a los mercados” a vender soberanía y derechos laborales a cambio de dinero especulativo.

Y habría sido preferible introducir regulaciones que obligaran a los bancos a hacer llegar dinero barato a quienes mejor uso pueden darle en estos momentos: la familias de menos renta. Éstas no gastan dinero en especular sino en adquirir bienes y servicios, estimulando la demanda agregada. Se habría evitado pérdidas de empleo y situaciones de morosidad. La crisis habría sido más suave.

Esta decisión de la Reserva Federal es lo suficientemente mala como para difuminar cualquier posibilidad de recuperación para el segundo semestre de 2011.

Pero como las desgracias nunca vienen solas, a este lado del Atlántico nos permitimos el lujo de alargar la agonía de la economía griega. Este bochornoso espectáculo en el que el BCE, el FMI y la Comisión Europea (¿quién ha elegido a toda esta gente?) tiene secuestrada la voluntad del gobierno y del parlamento griego no augura nada bueno. Recuerdan a la perfección el retrato que hace Keynes de la Paz de Versalles en “Las Consecuencias Económicas de la Paz”: humillar y empobrecer al pueblo alemán sembró las bases del fascismo.

domingo, 12 de junio de 2011

EL CHISTE DE LA DEUDA


Dicen que los chistes a costa de ser repetidos no sólo pierden su gracia sino que llegan a ser irritantes. No lo tengo claro así que les propongo hacer un experimento.

Probemos con uno. Pero debo advertirles algo: para entender bien el chiste tienen que imaginar una gran manifestación. Gente, mucha gente: un río interclasista en la que proletarios y capitalistas caminan hombro con hombro por las calles de Murcia con una cuchara en la mano esperando como premio una ración de paella al final del recorrido; negros y moros (así los llaman ellos) traídos en autobuses desde el campo de Cartagena para hacer bulto y de fondo se huye un rugido (¡Agua para todos!, ¡Agua para todos!).

Comienza el chiste: el 19 de marzo de 2010 la actual Consejera de Hacienda compareció ante los medios de comunicación para anunciar la exitosa colocación de deuda pública murciana en los mercados financieros: “Europa concede Crédito a Murcia”, tituló el diario La Verdad en la edición del día siguiente. Gracioso, ¿verdad?.

Sigue el chiste: en palabras de la Consejera, el éxito de la colocación “es el mejor diagnóstico sobre la fortaleza de la economía de la Región y sus perspectivas de futuro” (pero por la misma regla de tres hoy podemos aventurar que el futuro de la región va a ser muy negro, atendiendo a las dificultades para endeudarnos). Por entonces sonaba a ciencia ficción la posibilidad de recortar sueldos a funcionarios, reducir la plantilla de empleados públicos, demorarse en el pago de los medicamentos, eliminar el bono – libro o introducir el copago.

Habían transcurrido en ese momento dos años de crisis económica y el Gobierno regional ¡todavía seguía negando que la cosa fuese con nosotros!. Supuestamente los datos avalaban la buena salud de la economía regional. La diferencia con el resto de España, claro está, radicaba en la buena gestión del Sr. Valcárcel frente a los desmanes del Sr. Zapatero.

El chiste pierde gracia: a pesar de las declaraciones de la Consejera, había datos oficiales más que suficientes para augurar la que se nos venía encima. Los datos no avalaban la buena gestión del Gobierno regional, ¡la desmentían! El año 2009 se había cerrado con un desfase de liquidez de 130 millones de euros: los recursos disponibles a corto plazo ascendían a 885´7 millones de euros mientras que las deudas a pagar a corto plazo ascendían a 1015´9 millones de euros. A todo ello habría que sumarle deudas a pagar en el largo plazo por importe de otros 1111´7 millones. Incluso hay evidencias anteriores: en la edición de noviembre de 2002 del extinto periódico “La Economía” tuve ocasión de publicar un artículo (“Presupuestos: Debate y Legalidad”) en que el que ponía sobre aviso de las malas prácticas presupuestarias gubernamentales. Y también en el Informe “El Otro Estado de la Región – 2003” (páginas 47 a 51), editado por el Foro Ciudadano de la Región de Murcia, avisábamos de la existencia de un creciente déficit oculto. El Gobierno regional se dedicaba a crear empresas públicas y fundaciones y contratos de “peaje en sombra”: así era más fácil contratar gente sin oposiciones, conceder contratos a precios abusivos escapando al riguroso control del Derecho Administrativo, sustituir endeudamiento bancario por otro no computable a efectos estadísticos (deudas con proveedores). Supongo que otros economistas hicieron esfuerzos similares por avisar de lo que se nos venía encima. Pero el ruido de fondo, la fricción de las cucharas y el castañeteo de los dientes de esos ciudadanos hambrientos de arroz subvencionado impedían oírlo.

Esto ya no tiene gracia: no hay sorpresa alguna en la actual crisis financiera de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. No hay nada repentino, sobrevenido. Los datos disponibles (esperamos que pronto se hagan públicos los de 2010, ahora que ya han pasado las elecciones y hemos estafado al proletariado alienado) anunciaban hace mucho que esto iba a pasar. Conclusión: estamos ante un caso típico de mala gestión en la que el Gobierno regional, a pesar de los avisos, no ha sabido o no ha querido reaccionar a tiempo. Hoy tenemos 192.100 parados en la región (una tasa del 26´16%) de los cuales 77.421 no cobran ningún tipo de prestación. En el conjunto del país 158.000 familias se enfrentan a desahucios inminentes.

Fin del chiste: el Sr. Valcárcel vuelve a ganar las elecciones con mayoría absoluta. Esto ya no tiene gracia ¿verdad? Pues si les parece poco gracioso esperen al próximo chiste: se llama “copago”.

domingo, 5 de junio de 2011

PELIGROSO PEROGRULLO


Según transcribe la prensa, el Sr. Mariano Rajoy ha declarado en una conferencia pronunciada en el Círculo de Economía que “tendremos el Estado de Bienestar que podamos permitirnos”. La afirmación, que podría pasar por una insulsa perogrullada para rellenar hojas de un discurso, tiene mucha miga, máxime cuando proviene de una persona cuyo partido que acaba de arrasar en las elecciones municipales y autonómicas y que, en breve, podría presidir el Gobierno español.

Cuando hablamos de política económica de poco valen las tautologías aritméticas del tipo “tanto tenemos, tanto podemos pagar”. Lo que en economía estamos obligados a plantearnos es qué política hay poner en marcha para hacer posible obtener más recursos y ampliar el Estado de Bienestar. No basta limitarse a hacer recuento de los recursos disponibles porque, si nos instalamos en el lema del Sr. Rajoy, cada vez tendremos menos recursos y por lo tanto menos servicios públicos: la economía española está en proceso de implosión, se encoge por momentos, cada vez hay menos PIB y menos empleo en un círculo vicioso que se retroalimenta por culpa de las políticas contractivas neo – liberales.

Y aquí es donde radican los peligros que plantea un hipotético Gobierno del Sr. Rajoy.

Primero: las políticas que preconizan sus acólitos (él se limita a hacer invocaciones genéricas a la “confianza”, la “austeridad” y las “reformas”) tienen un claro sesgo contractivo que hundirá aún más la demanda agregada y el crecimiento económico. Necesitamos que todos los países de la eurozona gasten más y si los particulares y empresas no lo hacen, corresponde al Estado movilizar esos recursos mediante una política fiscal y monetaria activas. Gastar creará riqueza e ingresos tributarios para los Gobiernos. Es lo que Keynes llamó la “paradoja de la frugalidad”: ser austeros nos empobrece.

Segundo: es una falacia pensar que el grado de desarrollo del Estado de Bienestar es una simple cuestión aritmética que nos garantiza que conforme crece la riqueza de un país crece el gasto social. Muy al contrario, se trata del resultado de la lucha política entre quienes tienen que financiarlo con sus impuestos (fundamentalmente las clases adineradas) y quienes más pueden beneficiarse de él (básicamente los trabajadores). El dinero no fluye pacífica y voluntariamente de las manos de los acaudalados a las manos de los necesitados: alguien tiene que provocar ese movimiento. Históricamente el Estado de Bienestar sólo ha avanzado cuando los trabajadores han dispuesto de sindicatos y partidos de izquierda (anticapitalistas) fuertes. Mientras el modelo soviético fue visto como una alternativa (amenaza) viable, los capitalistas transigieron con las demandas de los trabajadores: esa es la esencia de la experiencia socialdemócrata dominante en Europa Occidental desde el crack del 29 hasta los años 70. Caído el Muro de Berlín por la inoperancia de la gerontocracia soviética y por la falta de libertades, los empresarios perdieron el miedo al comunismo… y perdieron el respeto a los trabajadores. Y así el modelo socialdemócrata, mediante el cuál parte de la plusvalía era devuelta a la sociedad vía servicios públicos, quebró.

Copago, alargamiento de las listas de espera, deterioro de las instalaciones públicas… ese es el futuro inmediato de la Sanidad y la Educación en España y en la Unión Europea, a no ser que la movilización popular frene el paseo militar del Sr. Rajoy hacia La Moncloa. Mientras tanto el Sr. Zapatero se limita a barrer la alfombra roja de la puerta, a la espera del nuevo inquilino.

FRACASAN LOS PLANES DE AJUSTE EN EUROPA


Indignación es poco para definir lo que deben sentir los ciudadanos de Grecia, Irlanda o Portugal al comprobar el resultado de los planes de ajuste que les han sido aplicados por la Comisión Europea y el FMI: dinero, que no llega, a cambio de ceder derechos sociales. Aunque el caso portugués es más reciente, la experiencia de Grecia e Irlanda no deja lugar para la duda ni para la esperanza: con la intervención del FMI no sólo no ha llegado la ansiada recuperación de la actividad y el empleo, sino que la inestabilidad financiera se ha agudizado y los especuladores siguen al acecho y exigen nuevos recortes sociales. Esta semana la Comisión Europea negocia nuevos recortes sociales en Grecia. Ya se sabe: si se cede una vez al chantaje… el chantajista no cederá en sus exigencias.

Las cifras cantan: los recortes salariales, las subidas de impuestos indirectos, el despido de funcionarios, el endurecimiento del acceso a las pensiones, las privatizaciones… nada de esto ha servido (ni servirá) para devolver prosperidad y sostenibilidad a las economía europeas. Los planes de rescate iban a servir para devolver la confianza de los mercados en los países con problemas, pero sólo ha servido para restaurar la confianza de los mercados en sí mismos, en su capacidad para chantajear y exprimir a los trabajadores europeos con más impuestos, más desempleo y menos servicios públicos: es pura lucha de clases.

En Grecia, por ejemplo, los tipos de interés son hoy tres veces más elevados que al inicio de la crisis que dio lugar al plan de estabilización. Desde febrero de 2010 hasta hoy, los tipos de interés han subido del 5% al 19%, colapsando con ello las finanzas públicas y la actividad crediticia. Pese a la recesión, los precios no se han moderado y la inflación ha crecido del 2´7% al 3´6%. La estabilización financiera no se ha logrado. Y tampoco se ha logrado la estabilidad económica: la tasa de paro de Grecia se resiste a bajar del 14´2% y el PIB decrece ya a una tasa del -4´8%.

Otro tanto se puede afirmar de Irlanda y Portugal. E incluso de España, que sin haber acudido formalmente a las instituciones internacionales, ha llevado a cabo, de facto, un plan de ajuste tácito de corte neoliberal, pero sin haber obtenido a cambio como beneficio préstamo alguno. Es la cultura del disimulo tan propia de nuestro país: ser pobre y evitar parecerlo.

¿Qué ha pasado para que estos rescates millonarios hayan fracasado?

Recordemos que el origen de todo se debe a que algunos países han incurrido en abultados déficits a consecuencia de la implosión de la burbuja financiera mundial. La caída de ingresos tributarios y los gastos para salvar a la banca han deteriorado seriamente las cuentas públicas. Como los mercados no están por la labor de prestar a quien está al borde de la quiebra, salvo a tipos de interés exorbitantes, el FMI y la Comisión Europea acordaron otorgar importantes préstamos exigiendo como contrapartida planes de ajuste neoliberales, esto es, que restasen poder y calidad de vida a los trabajadores. A modo de chantaje los gobiernos títeres de la burguesía prometieron dinero si los trabajadores aceptaban la “deconstrucción” del incipiente “Estado de Bienestar”. Pero estos planes deprimen aún más la economía: la reducción de salarios y prestaciones sociales reducen el Consumo y desaniman la Inversión, con lo que se contrae la Demanda Agregada y el PIB. Y al hacer caer el PIB estos países se vuelven aún más insolventes a los ojos de los mercados. Esa mayor insolvencia provoca aumentos en los tipos de interés de la deuda, con lo cual el gasto presupuestario en intereses se dispara y el problema del déficit se retroalimenta en una espiral funesta que nos condena a nuevos ajustes. Así empezó Argentina y acabó en el “corralito” en 2001.

No es de extrañar que según las previsiones oficiales de la Comisión Europea, sean precisamente las economías intervenidas las que experimentarán un menor crecimiento del PIB este año y el que viene.

No hay que perder de vista un detalle: la mayor parte de los fondos prestados a los países intervenidos proceden del “Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera” (MEEF) y del “Fondo Europeo de Estabilidad Financiera”. Y ahí surge otro problema de diseño político: estos fondos, directa o indirectamente, tienen que nutrirse de fondos procedentes de los mercados – chantajistas, lo cual limita mucho sus posibilidades. Carecen del respaldo del Banco Central Europeo, que, en nuestra opinión, debería practicar a política monetaria expansiva, inyectando efectivo a tipos de interés 0% directamente a los Gobiernos de los países en crisis.

Algo queda claro :abandonar el euro y restaurar las monedas nacionales es una opción cada vez más realista ante la inoperancia de las instituciones burguesas europeas. Permitiría restituir a los países respectivos la soberanía monetaria, esto es, la capacidad de imponer un tipo de cambio competitivo y una política monetaria compatible con el objetivo del pleno empleo. El euro no es la solución, es el problema.