martes, 24 de julio de 2012

¿Hay economistas rojos?

Recordando la pasada campaña electoral me viene a la mente esa pregunta que de forma recurrente me hacía la gente en los pueblos que tuve ocasión de visitar. Sí, claro que hay economistas rojos… y economistas gays… y economistas testigos de Jehová… Si nos referimos a los grandes pensadores de la Economía, rojos ha habido (con diversas tonalidades) antes y después de Marx: curiosamente, mientras Stalin fusilaba a los economistas marxistas rusos, a la gente de la generación de Lenin, en Gran Bretaña y Estados unidos florecían corrientes de pensamiento nítidamente marxistas y otras que, no siéndolo, empatizaban con aquella. Así tenemos a los economistas marxistas, a los economistas radicales, aun sector importante de economistas institucionalistas, los post – keynesianos, etc., etc. Si no referimos a economistas pedestres y domésticos (que no domesticados) como yo mismo, también los hay. Aunque bien pensado yo era rojo mucho antes de entrar en la Facultad, de lo contrario, hoy no estaría escribiendo cosas como estas. Y ello por varias razones. En primer lugar los planes de estudio universitarios privilegian descaradamente no ya la defensa del capitalismo, sino la ideología neo – liberal. Se trata de un tipo de formación con grandes dosis de conocimiento metafísico, acientífico, plagado de mentiras y estupideces, que conduce al estudiante a una situación de “pensamiento cero”. Los manuales de Economía suelen ser catecismos que hay que aprender de memoria sin más narices si uno aspira a aprobar. No es de extrañar que la mayoría de mis compañeros no entiendan que está sucediendo en la crisis actual o que se limiten a balbucear algunos slogans elementales contra el déficit público. En segundo lugar, los economistas son víctimas de trabajos alienantes, poco creativos, que les alejan de la actividad científica hasta convertirlos en simples técnicos. Casi todos los economistas que logran un empleo (el Sr. Urdangarín es una excepción: cobra 1´5 millones de euros anuales en Telefónica aunque nunca terminó la Licenciatura) se dedica a contabilidad, auditoría o marketing. Son trabajos duros, aburridos en los que no hay mucho margen para opinar. Y en tercer lugar, los economistas somos víctimas (y muchas veces victimarios) de los valores del sistema. Logrado un empleo en una empresa importante, una licenciatura te puede permitir progresar hacia puesto mucho mejor remunerado: pertenecer a un sindicato, a un partido político no burgués o expresar abiertamente opiniones críticas o solidarias ponen fin de inmediato a cualquier expectativa de ascenso. De inmediato: el gerente no quiere al lado un rojo, quiere un funcionario eficaz en la defensa de los intereses de la empresa (del empresario, diría yo). El gerente no quiere al lado a un economista que se solidarice con los trabajadores (el economista no es un trabajador, es un empleado). El gerente paga para que el economista sea el guardaespaldas que justifique con números cada una de sus decisiones, especialmente las lesivas para los derechos de los trabajadores. Y por estas y otras razones los economistas o son abiertamente de derechas o son abiertamente sordo – mudos: un caso típico de pragmatismo autista. Pero haberlos… los hay. Y podemos encontrar cada vez más experiencias en este sentido: grupos de investigación, o revistas como la “Revista de Economía Crítica”, o web como “Economía crítica y Crítica de la economía” que acoge en su seno otras formas de pensar la economía.

2 comentarios:

Bartolomé Medina dijo...

Enhorabuena, JF, por el artículo. Hasta ahora no se me había ocurrido relacionar los planes de estudio de Económicas con el pensamiento único neo-liberal. Despeja muchas incógnitas.

Jorge dijo...

Muy buena entrada.