El mal posee una
inveterada capacidad para proyectarse sobre el futuro. El caso del escritor
Oscar Wilde es uno de muchos ejemplos: víctima de las circunstancias de la
época que le tocó vivir, las consecuencias del daño que se le infligió se
proyectan hasta nuestros días.
No es un secreto
para nadie que Wilde, además de fecundo y brillante escritor, era gay. Probablemente
podría haber escapado de las feroces leyes homófobas inglesas de no ser por la
circunstancia de haberse ido a encaprichar del joven Alfred Douglas, hijo del
marqués de Queensberry… fundador del boxeo moderno, cuyas convicciones morales
eran de una brutalidad plenamente homologable a la del deporte al que era
aficionado. El marqués consiguió que Wilde diese con sus huesos en la cárcel
condenado a dos años de trabajos forzados. Destrozado física y anímicamente,
Wilde murió en la flor de la vida en 1900.
Wilde fue el
principal pero no el único perjudicado: truncada su carrera a la edad de 46
años, en pleno esplendor creativo, las generaciones posteriores perdieron (perdimos)
la posibilidad de disfrutar de aquellas obras que podría haber escrito de no
haber fallecido; en la tumba de Wilde no solo yace el cuerpo del escritor, yace
un semillero de obras maestras que ya nunca verán la luz… Y eso se lo perdió él
y nos lo perdimos nosotros, y los que vendrán…
Las palabras
anteriores no tienen mayor pretensión que ilustrar el daño que infligiremos a
las generaciones futuras si nos equivocamos en el presente: la reforma
educativa del Ministro Wert unida a la política de recortes presupuestarios puede
cortar en seco las carreras científicas o humanísticas de miles de nuestros
estudiantes. La educación elitista que pretende imponer el Gobierno sepultará
las posibilidades creativas de muchos de nuestros Wilde, enclaustrará sus
mentes en trabajos en los que no podrán desplegar todas sus potencialidades. El
Ministro invoca el esfuerzo y el mérito. Error: su reforma no expulsará de las
universidades a los mediocres sino a los pobres. Los ricos no necesitan
esforzarse: pueden comprar un título universitario. Su política es una marea de
ignorancia que anegará los campos de la cultura y el saber; el Ministro pasará
a mejor vida pero los ciudadanos tardarán generaciones con los pies en sus
charcos.
Oscar Wilde tuvo
la mala fortuna de tropezarse con un Queensberry en una sociedad hipócrita, cómplice
de los abusos de la élite victoriana… del mismo modo nuestros estudiantes se
han tropezado con un Wert en una sociedad que ha votado masivamente al partido
de la indecencia. No se engañen: Un Wert puede hacer tanto daño como un Queensberry.


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