sábado, 28 de abril de 2012

Salgamos del euro, ya

El INE acaba de hacer públicos los datos de desempleo del primer trimestre de 2012: España ha alcanzado la cifra record de 5.639.500 parados, el 24´44% de la población activa. De acuerdo con las previsiones del Gobierno y de diversas instituciones (FMI, OCDE, etc.) es muy probable que rebasemos la cifra de 6.000.000 desempleados y, lo que es aún peor, que estos niveles se mantengan durante varios años. Y para más inri, 1.728.400 desempleados forman parte de hogares en los que todos sus miembros están en desempleo: son la parte más vulnerable de la sociedad, segmento que ha crecido un 24´7% en el último año. Teniendo en cuenta que buena parte de esos desempleados perdieron su trabajo a partir de 2007, la situación se torna insostenible en términos de sufrimiento humano: las prestaciones sociales se han agotado para más de la mitad de ellos y el estrés psicólogico por la desesperanza de la situación es cada vez mayor. Quedan cada vez menos amigos y familiares medianamente solventes a los que recurrir. La situación en otros países de Europa no es muy distinta. El gobierno español, y los gobiernos de la eurozona, no reaccionan: su compromiso con el “euro”, ese estúpido capricho burgués que tanto sufrimiento humano está costando, supera con mucho su compromiso con los ciudadanos y aún con sus propios votantes. Por más que se esfuercen en disimularlo, la frustración entre los votantes del PP (sobre todo ante la reforma laboral), esos que esperaban que la llegada del Sr. Rajoy a La Moncloa operase el milagro de una recuperación sin coste social, es mayor aún si cabe que la que hay entre quienes sabiendo lo que se nos venía encima votaron otras opciones. Porque, en el fondo, los votantes del PP esperaban que con su llegada al poder Don Mariano irrigase de “confianza” los campos de la patria y los brotes verdes surgieran por doquier ahora que un amigo de la gente de dinero estaba al mando de la situación. Pero para los especuladores financieros Don Mariano resulta tan risible como “Marianico el Corto”, el célebre humorista aragonés. Saben de sobra que no dudará en traicionar a su electorado al primer toque de silbato, que se pondrá firme al primer susto con la prima de riesgo: aceptó de buena gana la violación de la Constitución, como un mal padre acepta mirando a otro lado que el cacique del pueblo viole a su hija… con tal de no perder las tierras que aquel le tiene arrendadas… y aceptará de buena gana todo lo que los mercados le exijan. ¡España… tienes que entenderlo… los mercados son así… pero en el fondo tienen buen corazón! ¡Hay que transigir con los vicios del señorito…! Lo cierto es que el euro no sirve: es una pesada losa que lastra el crecimiento de las economías europeas. Y acabará hundiendo a la propia Alemania cuando sus exportaciones se hundan ante la imposibilidad de encontrar clientes solventes en la eurozona. España ya está en recesión y Alemania camina hacia ella: no existe milagro alemán… más allá de las cifras de reempleo maquilladas, y una estrecha colaboración con las empresas depredadoras chinas. Europa y España necesitan crecer. Necesitan un PIB mayor. Crecer para poner fin a tanto sufrimiento humano absurdo; crecer para obtener ingresos tributarios que diluyan el déficit público sin necesidad de recortes presupuestarios; crecer para ahuyentar a los especuladores. Necesitamos crecer por encima del 2´5% porque está demostrado que por debajo de esa tasa es imposible reducir el desempleo (“Ley de Okun”): las previsiones indican que este año nuestro PIB caerá un -1´8% y que para 2013 crezcamos si acaso un +0´2%. Sabemos que cada incremento de 1 punto en el PIB reduce automáticamente 0´4 puntos el déficit público: creciendo podemos evitar recortes de servicios y despidos de empleados públicos y empleados de empresas auxiliares. Y sabemos de sobra que el crecimiento ahuyenta a los especuladores: son como buitres que acechan a una vaca anémica que vaga por la sabana… la debilidad de la economía, la creciente probabilidad de que no podamos pagar nuestras deudas, les animará a especular contra nuestra deuda con el enorme arsenal de procedimiento especulativos que nadie se ha atrevido a prohibir a pesar de la indignación que producen. Más crecimiento reduciría la morosidad. Hoy los especuladores causan más sufrimiento humano (e incluso muertes) que ETA y nuestro rechaza hacia aquellos debería estar a la altura del que nos provocan los activistas de ésta. Europa y España disponen de recursos para todo ello pero existe un obstáculo de naturaleza institucional: el euro. Porque participar en el euro supone en primer lugar haber fijado un tipo de cambio fijo respecto a nuestros principales socios comerciales. Eso es un obstáculo para que los países con peores registros en materia de inflación y productividad puedan mantener su competitividad. El boom del ladrillo, la proliferación de mercados poco competitivos y el desprecio por las actividades de I+D han alimentado la inflación mientras lastraban el crecimiento de la productividad. España necesita una devaluación y su pertenencia al euro lo impide. Necesitamos volver a la peseta y fijar un tipo de cambio competitivo (quizá 200 ptas. / € frente a las 166´386 de la conversión inicial). Ciertamente devaluar no es una solución inocua: tiene efectos secundarios, como cualquier medicamento. Pero es preferible tomarse una medicación de mala gana, que necesitarlo y no poder hacerlo por falta de recursos. Participar en el euro significa además ceder nuestra soberanía monetaria a una institución poco democrática y poco leal con las instituciones democráticas. No hablo de “cesión” del modo en que lo haría un nacionalista: lo hago en términos de pragmatismo (pragmatismo a favor de los trabajadores, claro). Esa cesión de soberanía supone que no es el Banco de España el que decide la política monetaria sino el Banco Central Europeo (BCE). Decide concretamente cuánto, cuándo, cómo y a qué precio inyectar dinero en la economía. Y no hay mecanismo alguno que garantice que sus decisiones están subordinadas al interés general de los ciudadanos europeos (y menos aun de los españoles). Las economías europeas no avanzan todas al mismo ritmo (sus ciclos económicos no están sincronizados) y por tanto no necesitan la misma política monetaria. ¿Por qué supeditarnos al tipo de política monetaria que necesita Alemania? EL BCE no está siendo leal con los ciudadanos europeos ni con sus instituciones (por más imperfectamente democráticas que estas sean). Aunque los tipos de interés que aplica son históricamente reducidos (el 1%) la cantidad de dinero inyectada y el modo en que lo hace no aportan nada al crecimiento europeo. A fecha de marzo de 2012 el BCE había inyectado préstamos en el sistema financiero europeo por importe de 361.695 millones de euros. De ellos, 227.600 millones (el 63% del total) lo había sido a bancos españoles. Esa cantidad es 6 veces superior a la que necesita el Gobierno de la nación para financiar su déficit. ¿Por qué la máquina de imprimir dinero se pone en marcha unas veces y otras no? Porque los estatutos del BCE (redactados por políticos a sueldo de la banca privada) lo dejan bien claro: no puede prestar dinero a los gobiernos, sólo a la banca privada. La excusa: si prestamos a los Gobiernos gastarán sin medida. La verdad: los directivos del BCE provienen de la banca privada (el mismo Sr. Draghi fue presidente de Goldman Sachs) y acabarán sus días dirigiendo bancos privados cuando acaben su mandato en el BCE. Pagan así los favores de la burguesía financiera que los mantiene donde están y que les procurará pensiones de lujo cuando aún estén en una edad adecuada para perder el tiempo jugando al golf. ¿Y qué ha hecho la banca privada con ese dinero? ¡Mantenerlo a buen recaudo en las cajas fuertes del propio BCE! ¡Guardarlo a la espera de tiempos mejores! La banca privada no inyecta ese dinero en la economía real, es dinero que nunca llega a circular… un mero escudo de seguridad por si un pánico bancario lleva a los clientes a las oficinas a reclamar su dinero. Y tratando así de protegerse de la insolvencia, los banqueros generan más insolvencia, más morosidad. Esa estrategia convierte a la banca privada en árbitro de la situación: dado que los Gobiernos no pueden acudir al BCE, tendrán que congraciarse con “los mercados”: pero estos piden y piden sacrificios sin ofrecer nada a cambio. Nos subieron el IVA, congelaron nuestras pensiones y endurecieron el acceso a las mismas, abarataron (mucho) el despido, reescribieron nuestra Constitución, cerraron centros de salud y masificaron colegios e institutos; expulsaron a los más pobres de la Universidad. Y sin embargo los ataques especulativos no cesan. ¿Qué iniciativas se han tomado contra esas agencias de calificación que difunden información falsa y que ahora descalifican nuestra deuda? ¿Qué iniciativas legislativas se han tomado contra esas mismas agencias que animaron a invertir en Lehman Brothers antes de su quiebra, o en cuotas participativas de la CAM, o en deuda griega justo antes de que Grecia quebrase? Ninguna. Esa es la clave. Recuerdo permanentemente el caso argentino. Miren lo que pasó allí con el “corralito” (y con el “corralón”) porque ese es el futuro que nos espera. En las próximas semanas los especuladores atacarán y la prima de riesgo crecerá. Ante la imposibilidad de hacer frente a los vencimientos de la deuda se plantearán más recortes: la desconfianza aumentará y el proceso se retroalimentará. Un buen día el Sr. Rajoy llamará a las puertas del FMI y de la Comisión Europea: prestadnos dinero… que los mercados no quieren. Y tendrá razón el ministro Luis de Windows (perdón, Luis de Guindos): vendrán otros con una tijera mayor. Les reitero una recomendación: asegúrense bien de saber donde están las oficinas más cercanas de Cáritas y de su banco habitual, por si tienen Uds. que correr en busca de comida o dinero… Y una pregunta: ¿a qué esperan los cargos públicos de Izquierda Unida para plantear esto en las instituciones?

lunes, 2 de abril de 2012

REFORMA LABORAL Y RECUPERACIÓN ECONÓMICA


[Publicado por el diario La Verdad, 3 de abril de 2012]



Los promotores de la reforma laboral han descuidado el análisis de los efectos macroeconómicos de dicha iniciativa. En mi opinión la actual reforma laboral, lejos de contribuir a sentar las bases de un crecimiento equilibrado y duradero, deprimirá el PIB, retrasará la recuperación y endurecerá las condiciones de vida de los desempleados.

Los datos de Contabilidad Nacional (INE) muestran claramente que la economía española se dirige nuevamente hacia una severa recesión provocada por el hundimiento del Consumo Privado: el último trimestre de 2011 el PIB ha crecido un ridículo +0´3% y el Consumo ha caído un -1´1%. Está demostrado (“ley de Okun”) que en España es imposible reducir la tasa de paro si el PIB crece por debajo del +2´5%. Y el PIB no puede crecer sin el impulso del Consumo.

La reforma laboral permite al empresario la modificación unilateral de los elementos sustanciales del contrato, entre ellos el salario, y permite el descuelgue de la empresa de los mínimos establecidos en el convenio colectivo. En otras palabras: facilita la reducción de salarios en tiempos de crisis, pero no garantiza su aumento en tiempos de auge. Según el INE la “Remuneración por Asalariado” crece al 1´1%, casi un punto por debajo de la inflación y es de esperar que con esta reforma se produzca un “efecto sustitución” (trabajadores “caros” sustituidos por trabajadores “baratos”) que reduzca aún más los salarios reales en el futuro inmediato: menores salarios conducirán a menor Consumo, todo lo contrario de lo que actualmente necesitamos.

Además, la reforma laboral también amplía significativamente las posibilidades del “despido procedente” (el despido más barato) y limita mucho el importe de las indemnizaciones. En la práctica esto significa que todos, incluso los trabajadores que hasta hoy se creían protegidos mediante un contrato indefinido, son susceptibles de ser despedidos en cualquier momento, abandonando la empresa con una indemnización bastante magra en el bolsillo. Desde el punto de vista de las entidades financieras esto significa que todos nosotros hemos descendido uno o varios escalones en el escalafón de la solvencia financiera. La precarización de los contratos nos resta calidad como potenciales prestatarios. Según la última “Encuesta de Préstamos” del Banco de España (anterior a la reforma laboral) el 32% de los préstamos solicitados no se conceden porque la entidad financiera considera insuficiente el aval presentado. Al facilitar y abaratar el despido la reforma aumenta nuestra insolvencia potencial frente a la banca. En tales condiciones no es posible contribuir a que el crédito al Consumo despegue. Y téngase en cuenta que los principales gastos de los hogares o son financiados a crédito o, simplemente, no pueden efectuarse: pensemos en la vivienda, el automóvil, los electrodomésticos, muebles, etc. Desde 2008 el crédito a las familias cae en términos reales y actualmente lo hace a un -4%.

En consecuencia la reforma es una rémora para el despegue del crédito. Y con estas expectativas sobre el Consumo, no es de esperar que la inversión empresarial (Formación Bruta de Capital) lidere el crecimiento: ¿para qué aumentar o renovar equipos productivos si la producción no tiene salida en el mercado?

Por otra parte la reforma degradará significativamente la calidad de vida de los desempleados y sus posibilidades de consumo. Desde 2009 la proporción de desempleados que cobra alguna prestación (tasa de cobertura) ha descendido acusadamente del 77´5% hasta el 56´9% actual. Según nuestras previsiones podríamos situarnos en un escaso 45% a finales de año. Pero no sólo hay cada vez menos parados que cobran algún tipo de prestación: es que ésta es cada vez menor tanto en términos nominales como reales. Si en 2009 un parado cobraba una media de 1.021 euros mensuales hoy cobra 861 euros. En términos reales, esto es, descontada la inflación, la prestación actual es inferior en un 20´6% a la que se percibía en 2009.

Todos estos son factores contribuyen, desde la reforma laboral, a deprimir la demanda agregada y a retrasar el proceso de recuperación de nuestra economía.