Los de la foto
son tres ciudadanos del mismo país, por más difícil que resulta de creer.
Porque resulta difícil.
El primero,
ciudadano CARROMERO, es culpable de dos homicidios y se encuentra cómodamente
instalado en la cárcel de Segovia donde ha podido recibir la visita de
Esperanza Aguirre (¿alguien sabe si esta señora acude regularmente a su puesto
de trabajo?) y pasa el tiempo leyendo textos de dudosa calidad (a elección
propia) a la espera de que su “Pase de Pernocta” (léase “carnet del PP”) le
permita librarle torticeramente del cumplimiento de la pena. Los cubanos nos lo
han devuelto (que mala leche tienen) más gordo y mejor peinado (más guapo no)
que cuando se fue y estoy convencido de que allá ha recibido un trato sin tacha
(muy probablemente su diámetro anal sigue siendo del mismo calibre que antes de
desembarcar… salvo que por voluntad propia haya decidido ensancharlo). Mientras,
miles de presos españoles se pudren en cárceles extranjeras. Pronto pisará la
calle.

El segundo, ciudadano
URDANGARÍN, con sus chanchullos financieros, ha hecho más por la caída de la
monarquía que mil republicanos juntos. Se pasea libremente por doquier a costa
de nuestro dinero, con aspecto de vendedor de la sección de perfumería de El
Corte Inglés. Se ha paseado con dinero del Presupuesto del país, con dinero de
Telefónica (cada vez que mandabais un sms alimentabais su oneroso
cuentakilómetros), y con dinero distraídos de una amplia colección de arcas
públicas (especialmente las maltrechas arcas autonómicas) con los que nutría su
elevado tren de vida y sus cuentas en paraísos fiscales. No resulta verosímil
que haya de renunciar al buen corte y planchado de sus elegantes trajes, ni estropear
su linda figura con los insípidos menús que se sirven en nuestras cárceles. De momento,
sigue pisando la calle.
El tercero,
ciudadano ALFON, es un obrero madrileño, encarcelado en un severo régimen de
incomunicación acusado de nada… tratado como un peligroso terrorista. Su
delito: ejercer el derecho constitucional a participar en la pasada Huelga
General. Es un PRESO POLÍTICO: en la parrilla de nuestro ficticio Estado de
Derecho se fríen sus carnes para escarmiento y aviso a navegantes… Ya lo dice
el refrán: “el que la hace (contra el PP), la paga”. El Estado usa la violencia
policial y la disciplina carcelaria para secuestrar los derechos que
presuntamente nos garantiza la Constitución. Veremos cuando pisa la calle.
Conclusión:
tener carnet del PP o un Libro de Familia aristocrático son más útiles que la
INOCENCIA si de gozar de LIBERTAD se trata.