miércoles, 31 de agosto de 2011

LAMENTABLE PLAN COSPEDAL.


La Sra. Cospedal, Presidenta de Castilla – la Mancha, acaba de presentar un plan de ajuste fiscal para su comunidad autónoma. Conviene prestarle algo de atención porque es un buen botón de muestra del negro horizonte que nos espera después del 20 – N si cualquiera de los partidos del bloque burgués (PP+PSOE) obtiene mayoría absoluta.

Como no quiero extenderme ni ser reiterativo, señalaré solo tres aspectos del plan y de su presentación que me parecen intelectualmente abusivos.

La idea central transmitida por la señora Cospedal es que el plan tiene un “coste cero” para los ciudadanos, porque el mismo no contiene incremento alguno de la presión fiscal. Es una falacia: los ciudadanos de Castilla La Mancha sufrirán un recorte en los servicios que reciben de la administración regional (más alumnos con menos profesores, más pacientes con menos médicos, menos obra pública con más obreros en paro…). La calidad de vida del ciudadano medio se va a resentir mucho. Y a ello hay que sumar la presión contractiva que el recorte de gasto imprime a la demanda agregada: va a ser como echarle pegamento a las ruedas dentadas de un reloj averiado; la economía se ralentizará aun más.

Muchos funcionarios lo van a notar en su trabajo cotidiano: menores salarios con más estrés laboral. Para ellos el coste tampoco es cero…. Y a menudo se nos olvida que los empleados públicos también son ciudadanos. El peso del ajuste consistirá en no contratar a interinos de Sanidad y Educación que figuraban en nómina hasta ahora.

Aparte de eso, el plan está plagado de demagogia y trucos contables para engañar a las mentes poco adiestradas en cuestiones presupuestarias.

Hay una medida tan sofisticada como peligrosa: la venta y posterior arriendo de inmuebles oficiales. Se nos presenta como una oportunidad para obtener liquidez en tiempos de crisis. Pero es una verdad a medias. En primer lugar porque en tiempos de crisis vender activos es un mal negocio: los inversores – especuladores nos ofrecerán un mal precio conscientes de la dramática situación de las arcas públicas… como el yonki que malvende las joyas de la abuela para pagarse unas papelinas. Pero además muchos de esos edificios probablemente se necesitan y por ello la Sra. Cospedal plantea la fórmula “Sale & Leaseback”: venta con alquiler en el mismo contrato. Por ejemplo: vendemos un edificio de oficinas y en el mismo acto arrendamos el edificio al comprador para seguir utilizándolo. Hace años el Banco de Santander hizo esa operación con sus oficinas: le salió redondo porque en pleno boom inmobiliario sus activos inmobiliarios valían un pastón. Hoy es un mal negocio: la Sra. Cospedal obtendrá unos ingresos pírricos y tendrá que pagar alquileres cuyo importe desconocemos. Esto ya es en sí un mal negocio, pero lo más lamentable es que en el plan presentado la Sra. Cospedal computa los ingresos que piensa obtener con la venta, pero no computa los nuevos gastos que se producirán con el arriendo de aquellos. Otro tanto se puede decir de la venta y posterior arriendo de la flota de vehículos de la Comunidad Autónoma.

Por la parte de los ingresos, no hay ninguna medida a la mejora en la eficacia tributaria, ninguna medida de progresividad fiscal y de afloramiento de la economía sumergida. Tranquilidad pues para quienes defraudan a Hacienda.

domingo, 28 de agosto de 2011

VARGAS LLOSA, EL NEGRO Y EL PAPA


Estupefacto: así me he quedado leyendo “La Fiesta y la Cruzada” de Mario Vargas Llosa en la edición dominical de El País (28 de agosto). No entiendo en modo alguno el servilismo clerical que destila en cada párrafo y el flaco favor que con sus palabras hace a quienes, como él, se ufanan de ser auténticos liberales.

Empezaré por admitir, una vez más, que Vargas Llosa es mi escritor favorito (lo cortés no quita lo valiente) a pesar de la irreconciliable distancia ideológica que media entre nosotros. Creo que merecía el Nobel. Es más: se lo tenían que haber dado mucho antes. Pero la lectura de este artículo me ha conmocionado: ayer mismo terminé de leer su monumental “Conversación en la Catedral” (me ha llevado dos años), y no reconozco a su autor en el panfleto papista.

En este artículo, con ocasión de las recientes Jornadas Mundiales de la Juventud, Vargas Llosa reflexiona sobre el papel liberador y progresista de la religión (católica), y de la incapacidad de la cultura para llenar ciertos espacios espirituales del individuo, espacios que pueden ser completados exitosa y oportunamente por la religión. Aprovecha de paso para elogiar el papel de la Iglesia Católica y trazar un perfil hagiográfico de Benedicto XVI (Ratzinger Z).

Ya de por sí, la tesis anterior se compadece poco con los ideales del liberalismo clásico, pero es que una lectura detenida nos deja mucho más perplejos. Tan perplejos que una y otra vez tuve que mirar el encabezado para comprobar que el autor era realmente Vargas Llosa. Y encima lo hace con un estilo literario pobre, como un cronista del NODO… ¿Exageración? Juzguen uds: “Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática”… “creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en los que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos”. ¿Debemos? ¿De verdad es propio de un liberal pretender que TODOS DEBAMOS alegrarnos de la unidad en torno a la Cruz? ¿Y por qué no de la unidad de todos bajo el yugo y las flechas? Esa gris alegría, ese dudoso júbilo, ya la disfrutamos en España durante 40 años y aún lo lamentamos.
Lo confieso: a cada momento me asaltaban las dudas sobre la autoría del artículo ¿Habrá contratado por error a algún “negro” poco experimentado y ha mandado esto a la rotativa sin la supervisión del maestro? Lo digo totalmente en serio. En ocasiones los artistas como él tienen tantos compromisos (conferencias, entrevistas, promoción de libros…) que no pueden cumplir con todos… y ahí entran en juego los “negros”… No es indigno, pero puede conducirte a situaciones incómodas.

Pero lo más seguro, y lo más triste, es que el artículo sea realmente se Vargas Llosa.

El artículo en sí tiene mucha utilidad para quienes quieran comprender como funciona, en el fondo, el alma de un liberal. O mejor deberíamos decir neo –liberal, denominación que éstos admiten con disgusto. En (neo)liberal es aquél que presume de amor por la libertad, pero que no hace nada práctico por ella. No ama a los “hombres libres” sino la “idea de Libertad”, como Platón no amaba las “cosas bellas” sino la “idea de Belleza”. En la práctica, los (neo)liberales tienen un sentido muy restringido de la libertad: son los que miran a otro lado mientras la policía golpea a los rojos. ¿Los fascistas? Los fascistas son los que hacen el trabajo sucio a los liberales: los que barren las calles para que aquellos puedan pasearse a gusto con sus relojes y sus cadenitas de oro.

¿Por qué digo esto? Miren: “las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba «un blanco horror de Belcebú», rezaban el rosario”. Resulta muy revelador la gran sensibilidad que muestra Vargas Llosa ante la inofensiva agresión sufrida por estas niñas ametralladas con una lluvia de “goma lubricada”, y el absoluto silencio ante las brutales agresiones policiales a base “goma-no-lubricada-en-forma-de-porra” que la policía nacional ha perpetrado contra miles de españoles desde que comenzó la crisis. Porque la policía pega y pega mucho, y no sólo con ocasión de la visita del Papa. A Vargas Llosa parece preocuparle mucho la interrupción de las oraciones de estas virginales adoradoras del Papa, pero no menciona en absoluto la política de violencia desplegada por el Gobierno contra aquellos que en estos momentos de crisis cuestionan el Capitalismo, la Monarquía o los privilegios de la Iglesia Católica. Siendo liberal: ¿por qué no protesta contra la vulneración de los derechos constitucionales de reunión y manifestación perpetrados por el Gobierno?

Lo mismito que Rubalcaba, que justificaba la violencia policial contra los acampados del 15 – M en la Puerta del Sol, aduciendo que no es justo ni razonable que “200 personas pongan patas arriba una ciudad”; pero sin embargo no justifica despliegue alguno contra la docena de banqueros que han puesto patas arriba la economía de este país. ¿Quién ha generado más sufrimiento: los del 15 – M o los banqueros? ¿Quién merece ser reprimido?

Sin duda, es un artículo que merece ser leído porque nos ayuda a comprender en qué piensan los que gobiernan el mundo: “la cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público”.

Justifica Vargas Llosa la evolución personal de Benedicto XVI que otrora fuera un intelectual aperturista, y luego se convirtiera en rector de la actual Inquisición (Congregación para la Doctrina de la Fe) para reprimir a sus antiguos correligionarios. Los justifica por el honorable deseo de evitar la desintegración de la Iglesia. ¿No es más razonable pensar que el giro del Sr. Ratzinger obedeciera a razones más espurias? ¿Que sumándose a las posiciones fundamentalistas de Juan Pablo II sería más fácil escalar posiciones en la jerarquía vaticana?

Olvida Vargas Llosa la característica dicotomía entre “lo ético” y “lo estético” tan propia del catolicismo. En el mundo católico lo esencial es la “estética”: aparentar públicamente que se cumple con los preceptos de la Iglesia. El comportamiento privado (la “ética”) es irrelevante. Es importante manifestarse públicamente contra el aborto, pero es irrelevante si en privado llevas a tu hija a abortar. Es importante protestar contra el uso del preservativo: el Papa no estará con su linterna para comprobar si tu coito se ajusta a las exigencias de la fe. Es importante dar limosna en público, hacer ofrendas a esos ídolos imaginarios de madera que plagan nuestras Iglesias (Vírgenes y Santos): en privado puede robar a gente de carne y hueso su salario, su casa… Lo imprescindible en la Iglesia son las adhesiones públicas a la organización. Pasaba igual en la Unión Soviética: lo relevante no era “ser” comunista sino “tener” carné del Partido Comunista. La Iglesia no te pedirá que “seas” un verdadero cristiano: no te pedirá que renuncies a la riqueza para seguir a Cristo, no que pongas la otra mejilla…

No comprendo qué papel progresista puede encontrar Vargas Llosa en una organización así, una organización en la que proliferan los grupos hambrientos de poder y dinero, y que no dudan en utilizar la coacción y la discriminación contra los que se oponen a sus intereses. No me parece “liberal” transigir con ese estado de cosas. “Mientras no tome el poder político la religión no solo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática”: pues hace siglos que la Iglesia se dedica a otras actividades que van más allá de la mera administración de Sacramentos y la acumulación de poder político es precisamente una de ellas.

De hecho, si de la Iglesia dependiera, buena parte de la obra de Vargas Llosa no habría sido publicada (demasiadas pajas, putas y maricones) y ciudadanos como yo no habríamos tenido el impagable placer de disfrutarlas.

HISTERIA CONSTITUCIONAL


La reforma del artículo 135 de la Constitución acordada por los partidos del bloque burgués (PP+PSOE) es sencillamente una estupidez con un elevado coste político. El Estado, bajo la coacción de los especuladores, se ha convertido en una maquina histérica de producir normas absurdas o lesivas para la calidad de vida de los trabajadores.

Vayamos por partes.

Primero: sobre la estupidez de la reforma.

Los promotores de la reforma pretenden sin duda aplacar la furia especulativa de los mercados reforzando, vía constitucional, la “reputación” de la Hacienda española como pagador fiable. La búsqueda de “reputación” es una constante en el pensamiento neo – liberal. Valga como ejemplo la decisión de dotar de “independencia” al Banco Central Europeo: se pretendía ofrecer una imagen de banco no manipulable por los gobiernos europeos, cuya política monetaria no estuviese sometida al comportamiento irresponsable y caprichoso de los gobernantes. Ahora tenemos un Banco Central Europeo de “reputada independencia” pero absolutamente incapaz de prevenir ni solventar la grave crisis financiera que atormenta a Europa. No es cierto que la “reputación” sea suficiente para apuntalar una senda de prosperidad.

A los mercados se les tenía que haber aplacado mediante reformas legislativas de ámbito nacional e internacional que prohibiesen, o al menos penalizasen fiscalmente, el tráfico de determinados productos financieros. Y una reforma penal que sancionase ejemplarmente las conspiraciones de la “agencias de rating” para manipular el precio de las acciones y de la deuda pública. Porque es cada vez más evidente que esa conspiración para obtener ganancias especulativas ha existido: hubo conspiración para ocultar la mala calidad de los “activos tóxicos” y ponerlos en circulación en los mercados globalizados, y ha habido conspiración para alterar los tipos de interés de la deuda soberana. Si esto no se ataja lo demás es papel mojado.

Pero, atendiendo a la letra publicada, tampoco creo que la reforma mejore mucho la reputación de nuestro país. Es una mera operación cosmética. Lo que la reforma introduce es una invocación genérica a la observación del equilibrio presupuestario y un mandato expreso para que el legislador apruebe una Ley Orgánica que desarrolle este precepto.

Y aquí surgen los problemas.

Si yo fuese un defensor a ultranza del equilibrio presupuestario habría tenido muy en cuenta la historia reciente de nuestra Hacienda Pública: ya tenemos dos Leyes Orgánicas que imponen el equilibrio presupuestario y sólo han funcionado (parcialmente) cuando el PIB crecía aupado en la burbuja inmobiliaria. La primera Ley Orgánica data de 2001 (Ley Orgánica 5/2001 de Estabilidad Presupuestaria) cuando el Sr. Aznar tuvo la infeliz idea de importar este subproducto intelectual neo –liberal. Lo único que consiguió fue la proliferación de técnicas de “contabilidad creativa”, técnicas para el enmascaramiento del gasto y el déficit público (peaje en sombra, proliferación de fundaciones que realizan servicios públicos rehuyendo los rigores del derecho Administrativo y Financiero, etc…). La segunda Ley es obra del Sr. Zapatero y data de 2006 (Ley Orgánica 3/2006 de reforma de la anterior): en cuanto implosionó la burbuja inmobiliaria el déficit público se disparó y la Ley se convirtió en puro papel mojado.

España sólo ha tenido superávit en tres ocasiones (2005, 2006 y 2007) porque en todos esos años el PIB real creció por encima del 3´5%: esa es la clave, crecer. Disponer de tales Leyes Orgánicas no ha evitado incurrir en déficit desde 2001 hasta hoy (salvo esos tres años). Pensemos además que estas semanas han sido objeto de ataques especulativos países con niveles de déficit y deuda muy dispares: lo que realmente castigan los mercados es el reducido crecimiento del PIB porque es el mejor indicador de que un país puede llegar a ser insolvente. Por eso, lo que la economía española necesita es una política que impulse el crecimiento y menos reformas presupuestarias. Si el PIB se derrumba, de nada valen las normas jurídicas que limitan el déficit: los ingresos tributarios se derrumban y el déficit público simplemente emerge.

Para más INRI recientemente, en uno de sus últimos estertores de política económica, el Gobierno de Zapatero aprobó otra norma más que viene a sumarse a las anteriores y por la que se impone un techo de gasto a la Administración Central y a la Administración Local (Real Decreto Ley 8/2011 de 1 de julio): ¿en qué queda ahora esa norma, tan cacareada, y que muere con tan sólo un mes de vida a los pies de los caballos de la reforma constitucional?

Si yo fuese un fanático del equilibrio presupuestario (no lo soy) habría atado bien algún mecanismo de corrección (sancionador o no) en caso de que la Administración incumpla los objetivos presupuestarios. Afortunadamente para los que creemos en una política fiscal flexible, ese cabo ha quedado sin atar. Como quedó sin atar en las dos leyes orgánicas citadas. Por otra parte, al no tratar ningún derecho fundamental, el cumplimiento o no del artículo 135 ni siquiera es invocable en instancias judiciales. Así sucede, por ejemplo, con el artículo que consagra el derecho al empleo ¡y tenemos 5 millones de parados! Ninguno de ellos puede solicitar a un tribunal el cumplimiento de la norma.

Amén de los problemas técnicos derivados de definir una norma en relación al déficit “estructural”, que no es poca cosa.

Segundo: sobre su elevado coste político.

Todas las circunstancias que han rodeado la reforma van en demérito de la imagen y la calidad democrática de nuestro país.

Cada vez que en este país se ha solicitado una reforma constitucional (del sistema electoral, por ejemplo) los gobernantes han apelado a la necesidad de consenso, de reflexionar en profundidad, sin apresuramientos. Poco se compadece esta reforma con tales miramientos.

Además la reforma se hace urgida por dos naciones extranjeras (Francia y Alemania) y una institución (el BCE) de nulo caché democrático ni representativo: eso genera la espeluznante sensación de que nuestra Constitución puede ser manoseada al antojo de cualquier potencia; de que cualquier dirigente europeo manda más en los destinos de nuestro país que nuestros propios conciudadanos.

Y el caso es que tanto Francia como Alemania violaron en el pasado reciente la legislación europea sobre déficit público (que imponía un límite máximo del 3%), países que no fueron sancionados a pesar de que esa misma legislación así lo determinaba. Alemania rebasó ese límite cuatro años consecutivos (2002 – 2005): de hecho cerró 2010 con un -3´3%. Francia lo hizo en 2002, 3003, 2004, y desde 2008 hasta hoy. En España este comportamiento tiene varios nombres y ninguno bueno: ¡Jeta!.

Puestos a reformar la Constitución ¿por qué no hablar de aquellos puntos de verdadero interés para los ciudadanos? No recuerdo que haya habido manifestaciones en ninguna ciudad, ni concentraciones en la Puerta del Sol, reclamando ¡equilibrio presupuestario! Las demandas van en otro sentido: construir una verdadera democracia mediante u sistema proporcional, la limitación de los mandatos de los cargos públicos y convirtiendo las Comunidades Autónomas y no las viejas Provincias en la unidad electoral de referencia.

El coste político no es la pérdida de votos que puedan experimentar los partidos del bloque burgués: es la creciente desafección de los ciudadanos hacia una Carta Magna que perpetúa absurdos privilegios (garantiza trabajo fijo y asignación presupuestaria a los miembros de la Familia Real) y posterga sine die el ejercicio efectivo de derechos tan indispensables como la vivienda, el trabajo, la educación y la salud.

El Sr Zapatero tiene pánico a acabar sus días como gobernante teniendo que acudir al FMI a solicitar un préstamo multimillonario, como ha pasado con Irlanda, Grecia o Portugal. Ha perdido los nervios y cada semana improvisa un real decreto, como un marinero desesperado que trata de tapar a toda costa las vías de agua que se abre, cada vez mayores, en el casco de la nave: le faltan manos para tanto agujero. Pero no debe olvidar que ha sido su política, esa política inspirada por lobbys y fundaciones ligados al gran capital, la que nos ha conducido a esto.

martes, 16 de agosto de 2011

¿SE ACABÓ EL DINERO?


Conforme se alarga la crisis sus efectos negativos sobre la calidad de vida de los ciudadanos se recrudecen. Por ello resulta alarmante la constatación de algo que muchos ya sospechábamos y sobre lo que nos hemos pronunciado reiteradamente: que estamos ante una crisis estructural del capitalismo, y que ésta va para largo. En efecto: la crisis sufrida por las bolsas de todo el mundo confirma que desde 2007 (estallido de las hipotecas “subprime”) hemos perdido un tiempo precioso: lejos de recuperarse, la economía mundial se ha instalado en la recesión por culpa de políticas erróneas promovidas por la codicia burguesa.

Según los últimos datos, el PIB español ha vuelto a desacelerarse en el 2º trimestre de 2011 y estamos creciendo a un decepcionante 0´7% (necesitamos crecer a un 2´5% pra reducir el desempleo). Lejos de salir, nos dirigimos de nuevo al túnel de la recesión. Y no hay esperanzas de que un impulso externo nos ayude vía exportaciones: Alemania acaba de anunciar que su PIB también ha comenzando a desacelerarse, no hay milagro alemán.

Con razón dijo Darwin que “la codicia y el egoísmo producen en la inteligencia la ceguera más absoluta”.

A última hora algunos gobiernos europeos han tenido la genial idea de limitar las operaciones bursátiles a corto plazo: ¿no lo podrían haber hecho hace tres años? ¿Y no de modo transitorio como ahora se anuncia sino de modo permanente? ¿Y no podrían limitarse también otras operaciones de naturaleza especulativa? Y del mismo modo que el Banco de España ha expulsado y sustituido a los administradores de algunas cajas de ahorro ¿no podía haber sido igual de expeditivo con los bancos que reciben dinero público o del BCE y lo retienen en vez de conceder crédito?: que abran el grifo del crédito o a la calle. La intervención de la CAM, de CajaSur y de CCM demuestra que a los bancos se les puede dar órdenes, pero hace falta voluntad política.

Está claro que la burguesía europea quiere salvar el euro, y quiere salvar a los bancos, pero no salvar a los ciudadanos: el BCE presta dinero barato a los bancos (al 1´5%) pero se lo cobra caro y con ajustes a países como Grecia, Portugal o Irlanda (al 5´5%).

Y así nos va.

Hay indicios muy contrastados del endurecimiento de las condiciones de vida de la población española: aunque el desempleo sigue creciendo sin cesar, desde hace 6 meses el gasto en prestaciones por desempleo decrece de manera continuada. El Estado dedica cada vez menos dinero para atender a más parados. En junio, por ejemplo, mientras el paro registrado crecía a un ritmo del 3´5%, el gasto en prestaciones caía en un 8´8%. ¿Razón? Con la prolongación del tiempo de desempleo el trabajador va agotando sus prestaciones.

Además, cada vez tenemos más parados que no cobran ninguna prestación y los que cobran, lo hacen cada vez en menor cuantía. De los 4.833.700 parados el 43% (2.096.600 personas) carece de cualquier prestación porque o ha agotado la que disfrutaba o no reúne requisitos para acceder a ellas. Y entre los que cobran, son más los que acceden a una prestación no contributiva (de menor cuantía que las prestaciones contributivas).

Otra dimensión nefasta de la prolongación de la crisis es el aumento del número de familias en las que todos sus miembros están en situación de desempleo: son ya 1.367.500 familias, un 4´52% más que hace un año. Es la antesala de la pobreza.

Y efectivamente, todo lo anterior se ha traducido en un intolerable crecimiento de la pobreza en España: según el Informe FOESSA – 2010, hay en nuestro país 8´5 millones de personas en situación de pobreza relativa, y 1´7 millones en situación de pobreza severa. Por desgracia, es de esperar que la situación se agrave porque, según datos oficiales, los sucesivos planes de ajuste aprobados por el gobierno de la nación y los gobiernos autonómicos mantendrán la tasa de paro por encima del 18% en los próximos 3 años.

Pero no todos se enfrentan a la crisis en las mismas condiciones. La desigualdad les viene muy bien a algunos. Baste un dato: según el Banco de España, en el primer trimestre de 2011 las familias españolas acumulaban un total de 91.153 millones de euros en efectivo. Ojo: monedas y billetes. Aparte está el dinero depositado en bancos, en acciones, en terrenos, en duda pública. Teniendo en cuenta la población española, esto quiere decir que cada ciudadano (cada bebé, cada anciano, cada obrero, cada médico…) dispone de media de 1933 euros en efectivo. Una familia de 4 miembros debe disponer de 7732 euros en efectivo. Aparte de eso, en depósitos bancarios, los hogares disponen de otros 767.715 millones de euros; una media de 16.282 euros por habitante ¿dispone Ud y su familia de ese dinero? Pues lo que a Ud le falta a alguien le sobra. Así que mientras unos queman sus magros ahorros para sobrevivir a la crisis, otros estarán empleando su holgada liquidez para comprar a precio de saldo viviendas embargadas, acciones hundidas, etc. Si la desigualdad es una característica intrínseca del capitalismo (1618 españoles declararon en 2007 tener un patrimonio superior a 10 millones de euros), durante la crisis se produce una repugnante redistribución de la riqueza a favor de los más ricos, que son los que están en condiciones de aprovechar las circunstancias abusando aún más de los más pobres.

¿Cómo corregir esto y ayudar a la recuperación económica?

Como hemos visto, en España hay dinero, pero está retenido en pocas manos: mientras el BCE se decide a poner en marcha la política monetaria que realmente necesitamos ¿por qué no restaurar e incluso mejorar el Impuesto del Patrimonio y movilizar parte de ese dinero? Su supresión ha supuesto la pérdida de 2121 millones de euros a las arcas públicas: ese dinero fluiría a las Administraciones, que lo utilizarían paga pagar a proveedores, de ahí pasaría a manos de las familias, y buena parte retornaría a los bancos. Las familias serían menos morosas y se mitigaría la espiral de desahucios. Tampoco estaría de más entregar una parte directamente a las familias, a fondo perdido, para la cancelación parcial de la deuda hipotecaria.

Por otra parte el Impuesto sobre el Patrimonio no era tan gravoso para los ricos: suponía una cuota media de 2192 € por contribuyente, equivalente a un ridículo 0´52% de su riqueza neta. Poca cosa para los ricos, mucho para las arcas de un país cuya economía se derrumba.

Con esto nos habríamos evitado el vergonzoso y doloroso plan de ajuste (la subida del IVA del 16% al 18%, la congelación de pensiones, la reducción de salarios, el impuesto sobre la electricidad, etc.). Amén de evitar el que se nos viene encima… porque como estamos instalados en la recesión, el déficit público no se va a corregir al ritmo que exigen “los mercados”: copago sanitario, subida de IVA y despido de funcionarios es el horizonte inmediato que nos espera una vez que se celebren las elecciones generales… a pesar de que haber hay dinero.

Vaya Ud preguntando dónde está la oficina de Cáritas más cercana: probablemente tendrá que visitarla en los próximos meses.

viernes, 5 de agosto de 2011

CORRALITO ESPAÑOL: VIDAS PARALELAS


La situación actual de la economía española es análoga a la de Argentina en las semanas previas a la declaración del “corralito”, el cierre bancario que restringió el acceso de los ciudadanos argentinos a los ahorros depositados en bancos en el año 2001.

En 1992, durante la presidencia del peronista Carlos Saúl Menem, su ultraliberal Ministro de Economía, Sr. Domingo Cavallo, tuvo la genial idea de vincular el tipo de cambio del peso argentino al dólar norteamericano como estrategia para contener la exacerbada inflación argentina (“Ley de Convertibilidad”). No era una idea nueva: se traba de anclar el peso al dólar de modo que sólo se imprimirían tantos pesos como dólares hubiera en el Banco Central, de modo que estos sirvieran de respaldo a aquellos. Monetarismo puro. A partir de ese momento 1 peso valdría 1 dólar. El Banco Central lo garantizaba con sus reservas en dólares: entregaría 1 dólar a cualquier ciudadano que se presentase en ventanilla con 1 peso en la mano.

En un primer momento aquello funcionó bien: los ciudadanos argentinos recuperaron la confianza en el peso, convencidos de que detrás de cada billete de 1 peso había un billete de un dólar. Se eliminaron las presiones especulativas al desaparecer la posibilidad de devaluar la moneda, y la inflación se redujo considerablemente. Los tipos de interés bajaron significativamente y la prosperidad parecía volver a sonreír a la maltratada nación argentina: y todo gracias al tipo de cambio fijo peso/dólar.

¿Les suena la historia? Basta con sustituir la palabra “peso” por “peseta” y “dólar” por “euro”. Y donde dice “1 peso = 1 dólar” ponga “1 euro = 166´386 pesetas”.

Incluso el ministro Cavallo se permitió ironizar sobre las economías europeas en vísperas de la creación del euro: Argentina con un déficit público y una inflación históricamente bajas, cumplía a la perfección los criterios de Maastricht (¿recuerdan Maastricht?), cosa que no se podía decir de todos los aspirantes al euro.

Pero la receta monetarista del tipo de cambio fijo llevaba en su seno la semilla de su propia destrucción: Argentina era incapaz de elevar su productividad a la par que sus socios comerciales y, ante la imposibilidad de devaluar la moneda (1 eso siempre valía un dólar) los productos argentinos eran cada vez más caros, cada vez menos competitivos, cada vez más difíciles de exportar. El endeudamiento de las familias crecía, el déficit externo se ampliaba y las reservas en dólares se reducían. Al final había muchos pesos circulando y poco dólares en caja: el mal funcionamiento de la economía, la incapacidad para elevar la productividad rompieron la ilusión de que 1 peso valía realmente 1 dólar. Porque la productividad dependía del esfuerzo inversor, en tecnología y en Educación, y eso es algo que el mercado no resuelve por sí solo.

El país entró en crisis y cada vez se recaudaban menos impuestos: el déficit público comenzó a crecer y el público temió que el Gobierno devaluase la moneda o incautase los ahorros para pagar la deuda pública.

Se inició entonces una “sequía monetaria”: cada vez había menos pesos y menos dólares en circulación, como si alguien los estuviese quemando. Y a la implosión monetaria le siguió la implosión de la economía real.

El resto de la historia se la pueden imaginar: la gente, presa del pánico, se lanzó a los bancos a retirar sus ahorros; los que tenían depósitos en dólares querían dólares, los que tenían depósitos en pesos querían cambiarlos por dólares. Pero dólares no había: el país no exportaba, el país no ingresaba dólares. A ello hay que sumar ciertas prácticas corruptas por parte de los bancos, que con alevosía y nocturnidad, vaciaron las cajas y mandaron los dólares a buen recaudo a la vecina Uruguay.

En 2001, el sistema se vino definitivamente abajo y el Gobierno tuvo que imponer restricciones a los ciudadanos y empresas en el acceso a sus propios ahorros: el famoso “corralito”.

La crisis se acrecentó: el dinero, simplemente desapareció. Sin dinero el comercio se hizo más difícil, se oxidó como un motor sin aceite. Las suspensiones de pagos se sucedieron en cadena. Incluso los gobiernos municipales y provinciales entraron en mora. Algunos crearon una moneda provisional (los “patacones”) y proliferaron mercadillos en los que se volvía a practicar el trueque. El lado más dramático fue la reaparición del hambre y la estratosférica elevación de la mortandad infantil. ¿Quién ha pagado por tales crímenes?

¿Y todo por qué? Por el capricho burgués de tratar lograr atajar la inflación y conquistar la prosperidad atando la moneda nacional a una moneda extranjera, cediendo la soberanía monetaria.

¿Quién pagó el pato? ¿El presidente Menem? ¿El Ministro Cavallo? Por supuesto que no; pagó el último tonto que pasaba por allí: el Presidente Fernando de la Rúa (por aquel entonces suegro de Shakira, la cantante), que tuvo que huir de la residencia presidencial (la Casa Rosada) en helicóptero, apedreado por los indignados argentinos. Y aquí ha pasado igual: Aznar nos metió en el euro, y Zapatero ha jugado el papel del presidente De la Rúa.

La reciente historia europea es muy similar: creación de un tipo de cambio fijo y cesión de la soberanía monetaria a una entidad ajena a nuestros intereses. A partir de ahí entramos en una burbuja especulativa y nos dedicamos a fabricar viviendas, descuidando la evolución de nuestra productividad y de nuestra competividad. E igual que en Argentina, mientras el crédito crecía y el dinero fluía a las arcas del Estado nos olvidamos de que nuestro déficit exterior era cada vez mayor, y que el equilibrio presupuestario era endeble e inestable como un castillo de naipes. Los duplex generan empleo, pero no se pueden exportar: es dinero muerto en forma de ladrillo.

Y ha empezado a desaparecer: igual que en Argentina. Concretamente desde 2009 el crédito en España o crece a tasas negativas o lo hace por debajo de la inflación: en términos reales cada vez hay menos dinero en circulación. Los problemas de las Cajas (CAM, CajaSur, CCM), o los impagos de ayuntamientos como el de Moratalla, son simplemente los flecos de la que se nos viene encima, como esos pequeños iceberg que aparecen flotando en el Atlántico anunciando que algo nefasto pasa en el Polo Norte.

Todo parece haberse precipitado esta semana. Los especuladores se han cebado con los mercados financieros españoles: han vendido bonos y acciones españolas y han hundido la bolsa y elevado peligrosamente nuestra prima de riesgo. Los especuladores, como ya sucediera en Argentina, han llegado a la conclusión de que nuestro Gobierno no tiene la situación bajo control y de que no podrá pagar su deuda y por eso se deshacen de activos españoles o exigen mayores tipos por mantenerlos en su poder. El proceso se retroalimenta; el miedo genera más miedo, y los mayores tipos de interés aumentan el riesgo de insolvencia gubernamental porque la factura de la deuda se eleva… y ante ese mayor riesgo los especuladores vuelven a pedir mayores intereses.

Una espiral así sólo puede detenerla alguien con autoridad suficiente. Nosotros ya no la tenemos: la cedimos imprudentemente al BCE mediante el pacto PP – PSOE que nos introdujo en la cloaca del euro. Quemar derechos laborales en el altar del Mercado no sirve para nada, salvo para empobrecer a los trabajadores y ponerlos a los pies de los caballos. Cedimos nuestra autoridad al BCE y es él quien puede parra esto imprimiendo suficiente billetes de 500 euros y entregándolos “en mano” a los Gobiernos afectados para que no tengan que emitir deuda pública durante una temporada. Dinero en mano: nada de comprar deuda vieja en los mercados secundarios para refrescar aún más las carteras de los inquietos especuladores. Dinero en mano para pagar nóminas y acreedores.

Pero el BCE es una máquina burguesa empeñada en salvar la banca y el euro, no en salvar a los ciudadanos. Es un organismo dirigido por ex – banqueros que no han tenido que presentarse a ningunas elecciones y a los que el bienestar ciudadano les importa un bledo. Muchos de ellos o provienen de grandes bancos privados o acabarán en ellos una vez que finalice su mandato en el BCE. Y quien paga manda. Y a los gestores de nuestra política monetaria les paga el capital.

Y a partir de ahí lo que conviene es promover la verdaderas reformas que necesita este país: una reforma fiscal que incentive el trabajo y penalice la especulación (bursátil, urbanística….), una reforma mercantil que prohíba a los especuladores sentarse en los Consejos de Administración de las empresas españolas, una banca pública que promueva el crédito entre las familias y los sectores productivos, no es tan difícil…. Pero los que nos gobiernan y los que aspiran a sucederles son rehenes del pensamiento burgués… pura prostitución política. ¿Dónde trabaja ahora Aznar? ¿Y Felipe González? ¿Dónde trabajará mañana Zapatero? ¿Dónde? ¿Para quién? Ya se sabe: el dinero es la mejor vaselina.