sábado, 29 de noviembre de 2014

El capitalismo mata: la austeridad y los suicidios en Grecia.

Según un artículo de investigación publicado por el doctor en Economía Nikolaos Anatonakakis, de la Universidad de Portsmouth, las políticas de austeridad son responsables directas de 500 suicidios en Grecia solo en los años 2009 y 2010. Si extendiéramos el período de investigación la cifras crecerías sustancialmente. El artículo puede encontrarse aquí: "Fiscal Austerity, Unemployment and Suicide Rates in Greece".


[Sobre las consecuencias de la política de austeridad fiscal en España puede consultarse: "Desigualdad y pobreza: deterioro de las condiciones de vida en España"].

miércoles, 29 de octubre de 2014

¡Recordad a Cantillón!

Aunque al economista Richard Cantillón (1680 – 1734) se le recuerda principalmente por las circunstancias luctuosas de su muerte (fue asesinado y su casa incendiada para ocultar el homicidio), hizo una aportación básica en la Historia del Pensamiento Económico, a saber: que el efecto de un aumento de la cantidad de dinero en la economía depende del “modo” en que este aumento tiene lugar, depende de cómo y a quién se haga llegar ese dinero adicional.

Cantillón estaba en lo cierto y la historia reciente le da la razón.



El Banco Central Europeo ha practicado una política monetaria expansiva desde septiembre de 2008 (quiebra de Lehman Brothers) con grandes inyecciones de dinero barato vía préstamos a la banca privada europea. En enero de 2013 el BCE batió el record de dinero prestado: más de 907.000 millones de euros a tipos inferiores 0´25%. En el caso de la banca española, el récord de préstamos solicitados al BCE se registró en agosto de 2012: casi 389.000 millones de euros, más de un tercio de nuestro PIB… de los que actualmente aún se deben casi 155.000 millones.

Y sin embargo esta política de dinero abundante y barato lejos contribuir a la recuperación de la economía europea, nos aboca a una tercera recesión. La razón radica en el modo elegido para su instrumentación: utilizar la banca privada como intermediario en la ejecución de la política monetaria.

Craso error: como un oso que acumula alimentos antes de hibernar a la espera de la primavera, la banca privada acumula dinero barato, pero no lo presta, a la espera de que vuelva los buenos tiempos. Pero con esa actitud sólo consigue deprimir más la economía y que sean cada vez más las familias incapaces de hacer frente a sus deudas: por eso la tasa de morosidad supera ya el 13%, y no cede pese a los anuncios de recuperación que propaga el Gobierno. La realidad es que a pesar de los ingentes recursos recibidos, el crédito a familias y empresas lleva 58 meses contrayéndose: al no prestar, la banca privada impide que la actividad económica despegue y es causante de más morosidad. Un círculo vicio que sólo pueden romper los poderes públicos con una política económica expansiva en los ámbitos fiscal y monetario.

¿Podía haberse hecho las cosas de otra manera?

Desde luego, aunque todas las alternativas chocaban con la línea de flotación del pensamiento neoliberal que domina las instituciones europeas.

En primer lugar podría haberse establecido cierta condicionalidad al dinero barato del BCE: exigir a los bancos prestatarios el cumplimiento de ciertas metas de crecimiento del crédito a familias y hogares. Y poner límites a los tipos de interés por operaciones de crédito al consumo y por la utilización de tarjetas de crédito. Además, hubiera sido muy efectivo utilizar el sistema de banca pública para canalizar el dinero a los ciudadanos. En particular hubiera sido muy útil utilizar la red capilar de oficinas de las cajas de ahorro para ese empeño. Pero España ha hecho todo lo contrario: desde los años 90 se embarcó en una irresponsable carrera por privatizar la banca pública (Caja Postal, Banco Exterior, Banco de Crédito Local, etc) y las cajas de ahorro han sido transformadas a la fuerza en bancos privados para regocijo de los grandes banqueros de siempre.

En segundo lugar, debería haberse inyectado parte de se dinero en las Administraciones Públicas a tipo de interés cero, facilitando políticas keynesianas y ahuyentando a los especuladores que se ceban con la prima de riesgo. Si hay dinero al 0% de interés para la banca privada, ¿por qué no puede haberlo para los gobiernos de España o Grecia? Antes de la crisis el 15% del déficit obedecía al pago de intereses de la deuda pública, hoy supera el 55%. La especulación nos cuesta dinero a los contribuyentes y a los usuarios de los servicios públicos: el BCE podía haberla evitado prestando a los gobiernos para que estos no hubieran tenido que acudir a unos mercados dominados por los especuladores. Además, una parte sustancial del déficit tiene carácter coyuntural o cíclico: se debe a que la economía está funcionando por debajo de sus niveles “normales”, y por tanto los ingresos fiscales también son muy inferiores a los que corresponde a un nivel de pleno empleo. Una política expansiva que reactive la economía generaría recursos tributarios suficientes para reducir de un plumazo el déficit público en 3´8 puntos del PIB. Habríamos evitado los conocidos recortes presupuestarios que no sólo han deteriorado los servicios públicos sino que han contribuido a prolongar la crisis económica al deprimir la demanda agregada.

En tercer lugar debería haberse instrumentado un plan de rescate a las familias: el elevado endeudamiento de los hogares pesa como una losa sobre el consumo y lastra la recuperación económica. Dicho endeudamiento puede reducirse con la creación de un fondo para facilitar una moratoria a las familias incapaces de hacer frente a sus monstruosas hipotecas. Habrían bastado unos 45.000 millones de euros: apenas el 12% del dinero prestado a la banca. Y también hubiera sido oportuno incorporar un plan fiscal para la quita parcial de la deuda de los hogares a costa de los balances de la banca: esas deudas nunca debieron contraerse porque son resultado de la especulación inmobiliaria que elevó artificialmente el precio de las viviendas, y no es justo ni eficiente que se paguen en su totalidad. Habríamos evitado desahucios, el menor endeudamiento habría dinamizado el consumo y, a la postre, hasta la banca se había beneficiado de esta política porque todo ese dinero habría fluido por el circuito bancario.

Pero para desgracia nuestra el dogmatismo de quienes nos gobiernan impide implementar soluciones creativas en materia de política económica.


P.D.: hoy conocemos la obra de Cantillón gracias a los esfuerzos de otro brillante economista británico, Stanley Jevons (1835 – 1882), también fallecido a la temprana edad de 47 años ahogado a causa de una indigestión en las plácidas aguas de un balneario.

[También puede interesarte: "Desigualdad y pobreza: deterioro de las condiciones de vida en España".]

miércoles, 22 de octubre de 2014

El oneroso rescate de Europa



Acaban de cumplirse seis años de la quiebra del banco de inversión norteamericano Lehman Brothers, aldabonazo de la crisis financiera global que aún nos acecha: se hundió el PIB europeo y el desempleo escaló hasta a niveles históricos. Además, la ralentización de la economía tuvo como consecuencia inmediata el aumento del déficit público incluso en países en los que, como España, se había gozado de superávit gracias a las mieles de la especulación inmobiliaria.

Repentinamente descubrimos que el sistema financiero era un gigante con pies de barro: la especulación de todo tipo que había florecido a la sombra de la política de dinero barato del BCE para hacer más digerible la implantación del euro, cesó. Y descubrimos que nuestros bancos, nunca inocentes, habían participado de prácticas delictivas como la comercialización masiva de “activos tóxicos” (derivados de hipotecas “subprime”, participaciones preferentes…). De la noche a la mañana el patrimonio bancario se volatilizó… pero todos debíamos mucho a unos bancos que no valían nada.

Pese a algunos tímidos ensayos keynesianos (el “Plan – E” de Zapatero) pronto se impuso la lógica neoliberal de los Tratados de la Unión Europea y los Estatutos del BCE.

Los banqueros impusieron su lógica nefasta: nada de reformar el capitalismo, nada de una Europa más social, nada de políticas keynesianas… “salvando la banca salvamos Europa”. Como la quiebra de Lehman Brothers había derivado en la paralización de los mercados financieros internacionales, el crédito había cesado y la actividad económica se había frenado. Nada en apariencia más sencillo que tratar de insuflar vida (dinero) al sistema financiero para que el crédito volviera a fluir y recuperar la prosperidad perdida. Absurdo: volver a engrasar la maquinaria especulativa de los bancos quebrados para que esos mismos bancos tradujesen el rescate bancario en crecimiento económico.

Los “planes de rescate” fueron la herramienta elegida retornar al paraíso perdido. Un “plan de rescate” es un contrato entre un país “intervenido” y sus rescatadores para concederle el crédito que ya no puede loghrar emitiendo bonos en los mercados. El rescatador, en este caso la “troika” (Comisión Europea + BCE + FMI), exige en contrapartida una serie de medidas de política económica (“condicionalidad”), amén de la devolución del crédito con sus correspondientes intereses.

Los planes de rescate europeos poco diferían de los que el FMI aplica en el Tercer Mundo… Sí: el FMI dirigido por delincuentes como Rodrigo Rato, Strauss – Kahn o Lagarde…

En primer lugar el dinero prestado ha de destinarse a salvar la banca y, el sobrante, a reprogramar la deuda pública: los acreedores antes que los ciudadanos. En segundo lugar, los gobiernos intervenidos se comprometen a reducir su déficit hasta el 3% fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, recortando gasto público e incrementando los impuestos indirectos (IVA). Tales recortes no sólo debían ayudar a reducir el déficit sino, de paso, eliminar “privilegios” a la acomodada clase obrera europea, poco dada a competir por culpa del “generoso” Estado de Bienestar, garante de servicios educativos y sanitarios para todos.

Por la misma razón, los planes de rescate incluyen reformas laborales que faciliten y abaraten el despido y retrasen la jubilación. Además, los planes de rescate habrían de favorecer la concentración bancaria (menos bancos pero más poderosos), prohibiendo la indemnización a ahorradores que hubieran sido estafados con fórmulas como las “participaciones preferentes”, “cuotas participativas” o productos similares. Borrón y cuenta nueva a favor de la banca.

Contrariamente a lo que sostiene Rajoy, España sí ha sido intervenida: el plan de rescate, denominado ampulosamente “Memorándum de Entendimiento” (MoU, en inglés), se firmó con la “troika” el 20 de julio de 2012.

Estos planes han ido acompañados de jugosos fondos para la banca en condiciones muy ventajosas.

De una parte los gobiernos de la Unión Europea dieron a la banca subvenciones a fondo perdido que ascienden a más de 175.000 millones de euros. Sumemos la adquisición de pasivos emitidos por los bancos quebrados y que nunca se recuperarán: otros 198.679 millones de euros. Y para redondear la operación, los gobiernos han concedido a la banca avales y contratos de indemnización frente a posibles pérdidas por importe de otros 505.189 millones de euros. A día de hoy el dinero público movilizado por los gobiernos a favor del sistema financiero asciende a 878.910 millones de euros. 

Pero eso no es todo. Sumemos el dinero movilizado por el BCE, que ha llegado a prestar a la banca más de 900.000 millones de euros a tipos que rondan el 0% – 0´25% para devolver en cómodos plazos. Hoy la banca aún debe más de 507.000 millones y no parece que tenga prisa en devolverlos: invertirlos en deuda pública norteamericana al 3% o 4% es la estrategia que siguen, estrategia de “esperar y ver”, estrategia de “cobrar pero no prestar”, que está retardando sine die la recuperación europea.

Y mientras tanto se niega el pan y la sal a los gobiernos nacionales para financiar políticas expansivas creadoras de empleo o políticas sociales que compensen los dramáticos efectos de la crisis. No es posible implementar políticas de este tipo (keynesianas) si no hay dinero abundante y barato. Al BCE le correspondía haber jugado ese papel, pero los redactores de sus estatutos se encargaron de prohibir expresamente que el BCE comprase deuda pública en el “mercado primario”. Prestando al 0% – 0´25%, podría haber evitado que los gobiernos tuviesen que enfrentarse a “primas de riesgo” abusivas y exorbitantes que consumían los menguantes presupuestos públicos y sólo beneficiaban a los especuladores.

El balance de los programas de ajuste no puede ser más decepcionante. En el cuadro adjunto resumimos la evolución de los países intervenidos.

Llama la atención la enorme “brecha de renta”, esto es, la diferencia entre la renta per cápita actual y la que disfrutaban los ciudadanos justo antes de la crisis. Esa brecha mide lo que a un país le falta por recorrer para restablecer los niveles de bienestar previos a la crisis, y va desde los -5´6 puntos de PIB de Portugal hasta los -23´2 de Grecia. Tampoco existe garantía de que esos niveles se vayan a recuperar: las políticas de austeridad contraen el PIB y puede que la brecha de renta se agrande, máxime cuando todo apunta  que Europa se encamina a una tercera recesión.

También se aprecia cómo los programas de ajuste han enquistado el desempleo en niveles récord (26% en Grecia, 25´5% en España, 19% en Chipre…) lo cual ha empobrecido dramáticamente a amplias capas de la población. La pobreza, que ayer se consideraba propia de países tercermundistas, afecta hoy a más del 25% – 30% de la población en los países intervenidos.



Principales indicadores socio – económicos de los países intervenidos

Brecha de renta
Paro
Pobreza
Deuda pública
Incremento deuda
Irlanda
-11,6
11,4
30,0
121,0
96,1
Grecia
-23,2
26,0
34,6
177,2
69,9
España
-8,3
25,5
28,2
100,2
63,9
Chipre
-15,5
19,2
27,8
122,2
63,4
Portugal
-5,6
15,4
25,3
126,7
58,3
Fuente: Comisión Europea y Eurostat.


Y aun si mañana mismo se iniciase la recuperación, el coste del rescate y de las políticas de austeridad lastrarán durante años nuestra prosperidad ya que tales políticas han incrementado sustancialmente el endeudamiento de los países intervenidos, en todos los cuales supera hoy el 100% del PIB. A esos niveles exorbitantes se ha llegado como se indica en el cuadro por el incremento de deuda operado desde 2007: la devolución de esos créditos y el pago de los intereses correspondientes pesarán sobre los presupuestos públicos en las próximas décadas, impidiendo la financiación de políticas sociales.

Curiosamente en países que como Islandia han diseñado una política económica heterodoxa, renunciando a las políticas de austeridad, enfrentándose a los mercados financieros y encarcelando banqueros, la brecha de renta es de sólo 0´5 puntos del PIB y su desempleo apenas lega al 5´1%. 

[ Y hablando de cajas de ahorros... " Estafa E Ingeniería Financiera: El Caso De La Caja De Ahorros Del Mediterráneo"]

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los parados en España... cada vez más pobres.

Los últimos datos del ministerio de Trabajo no dejan lugar a dudas: los parados son cada vez más pobres. En julio los parados cobraron de media 815€, un 17% menos que cuando se inició la crisis (2009). Además, actualmente sólo 45 de cada 100 parados cobra algo del INEM frente al 65% de 2009. Cada vez son menos los que cobran, y estos cobran cada vez menos. Grave perspectiva ya que nos asomamos a una tercera recesión. Urgen políticas de creación de empleo.



viernes, 19 de septiembre de 2014

Entrevista en "La Buena Tarde"

Los amigos de la Radio Pública de Asturias me invitaron a participar en el programa "La Buena Tarde", el miércoles 17 de septiembre para hablar de la situación económica.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Islandia: la alternativa viable.



Islandia, un pequeño país de tan solo 320.000 habitantes y extensión territorial equivalente a la quinta parte de España, ha dado una muestra ejemplar de coraje y civismo en la forma de enfrentar la grave crisis financiera en la que estaba inmersa por culpa de la especulación. Y viene demostrando desde 2010, que es posible hacerlo minimizando el impacto social de las políticas económicas.


Al igual que otras economías europeas, Islandia experimentó importantes tasas de crecimiento económico entre 2004 y 2008, al unir a su negocio tradicional (la exportación de recursos pesqueros), una frenética actividad especulativa. A partir de 2004 la banca islandesa registró un intenso crecimiento meramente especulativo, basado en la captación de ahorros de los ciudadanos y la emisión masiva de bonos. Tres bancos privados (Glitnir, Lansdbanki y Kaupthing) obtuvieron ingentes recursos en los mercados internacionales mediante depósitos de dudosa transparencia no garantizados por las autoridades del país.



Pero esta estrategia de casino no tardó en fracasar: el colapso financiero mundial que se produjo con la crisis de las hipotecas “subprime” (agosto de 2007) y la quiebra de Lehman Brothers (septiembre de 2008) trajo consigo la quiebra de la banca privada islandesa y en 2008 los activos en que se había invertido el dinero ya no valían nada. El Gobierno de coalición (conservadores + socialdemócratas) optó por nacionalizar los tres bancos y restringir la retirada de fondos. Pero ya era tarde: en un alarde de perspicacia financiera, y adivinando la que se les venía encima, los espabilados banqueros habían vaciado lo poco que quedaba en la caja días antes de ser intervenidos: igualito que en Argentina justo antes del “corralito”.





La reacción de los especuladores institucionales, y también la de miles de ingenuos ahorradores entusiasmados con la magia de la burbuja financiera, no se hizo esperar: exigieron ser indemnizados… y se lo exigieron al Gobierno islandés, no a los banqueros saqueadores, a pesar de que los activos emitidos por esos bancos carecían del respaldo del Gobierno de Islandia, al no tratarse de depósitos tradicionales. El Gobierno Británico, liderado entonces por el laborista Gordon Brown, llegó incluso a hacer uso de la legislación antiterrorista para congelar activos islandeses depositados en instituciones británicas y garantizarse el cobro de las indemnizaciones millonarias.



En enero de 2009, las movilizaciones ciudadanas provocaron la dimisión del primer ministro islandés (el conservador Geir Haarde) y la convocatoria de elecciones anticipadas, ganadas por una coalición de centro – izquierda. Ante la imposibilidad de devolver el dinero con los fondos encontrados en las cajas de los bancos, el nuevo Gobierno islandés, plegándose a las presiones de los especuladores, planteó indemnizarles con cargo al presupuesto del país, endeudándose en 3.500 millones de euros. En apoyo a tal propuesta, los poderes fácticos enarbolaron un discurso de sobra conocido en España: plegarse a las exigencias de los mercados financieros es el mejor camino para restaurar la confianza de los mercados.



El escándalo político fue mayúsculo porque cada ciudadano islandés tendría que contribuir con unos 11.000 € a pagar la gestión delictiva de tres bancos privados. Además, se solicitaría un préstamo adicional de 2.100 millones de dólares al FMI con el consiguiente programa de ajuste neoliberal.



La aprobación de dicha Ley de indemnización provocó una nueva oleada de protestas y en enero de 2010 el presidente del país, el ex – comunista Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificarla convocando un referéndum para que la ciudadanía se pronunciase al respecto. En dicho referéndum, celebrado el 6 de marzo de 2010, el 93% de los votantes dijo “NO” al plan gubernamental: los ciudadanos islandeses no resarcirían a los  especuladores británicos y holandeses por la mala gestión de los banqueros. Es más: se inició un proceso judicial contra los gestores de los bancos citados en los que incluía a 160 imputados. Asimismo se procedió a convocar una asamblea constituyente para reformar la Constitución del país. Bajo el liderazgo del presidente Grímsson, la política económica de Islandia daba un esperanzador giro hacia la heterodoxia.



Por aquel entonces España vivía una situación similar: el prolongado proceso especulativo que había experimentado el sector de la vivienda entre los años 1999 y 2007, conocido como “boom del ladrillo”, eclosionó víctima de sus propios desequilibrios internos y de la confluencia de la crisis de las “hipotecas subprime” que había envenenado los mercados financieros internacionales.



Inicialmente el gobierno de España optó por una política tibiamente keynesiana conocida como “Plan E”: un programa de obras públicas en todo el país que pretendía absorber la mano de obra excedente del sector Construcción y expandir la demanda agregada. Pero el plan fracasó entre otras razones, por la falta de respaldo de las instituciones europeas y, muy especialmente, del Banco Central Europeo (BCE): sin dinero barato no es posible implementar políticas expansivas y los creadores del BCE, instigados por los financieros alemanes, se encargaron de cerrar esa opción al redactar sus estatutos. La adquisición de deuda pública en el mercado primario quedaba expresamente prohibida y la compra en los mercados secundarios quedaba a discreción del Consejo de Gobierno del BCE, un organismo plagado de fundamentalistas neoliberales ligados profesionalmente a la banca privada.



A partir de 2010 la crisis se recrudece con el escándalo de la falsa Contabilidad Nacional griega. Y es ahí donde España e Islandia divergen definitivamente en el diseño de sus respectivas políticas económicas.



España abandona el tímido keynesianismo del “Plan – E” y su política económica se hace cada vez más ortodoxa en un intento de lograr la anuencia de los mercados financieros: se incrementó el IVA, se redujeron los salarios de los empleados públicos y se recortó el gasto público con el ánimo de contener un creciente déficit público cada vez más difícil y costoso de financiar. Pero cuanto más contractiva era la política fiscal más caía el PIB y mayor era el déficit público debido a los menguantes ingresos tributarios.



La política fiscal contractiva no fue la única respuesta neoliberal frente a la crisis. El Gobierno del Sr Zapatero hizo suyos los postulados más conservadores al considerar que la falta de flexibilidad del mercado de trabajo era un hándicap para la recuperación económica. Se reformó el Estatuto de los Trabajadores, abaratando y facilitando el despido; se reformó la Ley General de Seguridad Social, retrasando la edad de jubilación de 65 a 67 años y reduciendo en una media de un 15% el importe de las futuras pensiones.



Pero quizá la medida más degradante para el conjunto del país fue la reforma de la Constitución pactada por PP y PSOE a instancias del BCE: lejos de atender a los guiños del Gobierno español, los mercados financieros y particularmente su mayor adalid, el BCE, amenazaban con abandonar a su suerte a la economía española salvo que mediante una reforma constitucional y sin respaldo popular (no hubo referéndum), se salvaguardasen los intereses de los tenedores de deuda pública española.



Con la llegada al poder del Sr Rajoy en 2011 se endurecen las mismas políticas implementadas por el presidente Zapatero y se despliega un amplio programa de rescate bancario. Nuevo guiño a los mercados: salvando a los bancos hundidos por sus prácticas especulativas se esperaba recuperar la confianza de los mercados financieros y estabilizar la economía.



En junio de 2012, se firma por el Gobierno español y la “troika” (Comisión Europea + BCE + FMI) un plan de rescate bautizado con el ampuloso nombre de “Memorándum de Entendimiento” (MoU), en virtud del cual se otorga una línea de crédito de 100.000 millones de euros a España pero con condiciones políticas muy precisas y onerosas: la principal, que el dinero será empleado para rescatar bancos y que los clientes víctimas de estafas como las “participaciones preferentes” no recuperarían ni un céntimo. Como cualquier otro plan de ajuste, el dinero iba acompañado de una serie de medidas de política económica: incremento del IVA, una nueva reforma laboral, un programa de reducción del déficit público… Por supuesto, ningún banquero fue procesado. De hecho algunos fueron premiados: Luis de Guindos, miembro del consejo de administración de uno de los bancos rescatados, fue ascendido a ¡Ministro de Economía!… y hoy se postula como presidente del Eurogrupo…   



Es evidente que las políticas de Islandia y España han sido divergentes aun cuando el problema de fondo era el mismo: recomponer una economía rota por las prácticas especulativas.



La estrategia de Islandia pasaba por la confrontación del Gobierno con los mercados, un gobierno ampliamente respaldado por el pueblo en permanente movilización. La estrategia de España, cuyos gobernantes nunca anunciaron sus intenciones antes de cada convocatoria electoral, fue de servidumbre: aceptar las imposiciones de los mercados financieros para evitar el caos.



¿Cuáles han sido los resultados de políticas tan disímiles?



En Islandia lejos de producirse el caos financiero que auguraba la propaganda neoliberal, la economía ha ido estabilizándose tras un breve brote inflacionista. El crecimiento económico logró pronto recuperar tasas importantes, de hecho 2013 cerró con un crecimiento del PIB del +3´3% mientras que en España caía a una tasa del -1´2%. Para el año en curso se espera que la economía islandesa crezca un +3´1% frente al +1´1% de España. Gracias a la política económica implementada en Islandia hoy la crisis está prácticamente superada: su PIB per cápita es sólo 3 puntos inferior al que disfrutaban los islandeses antes de la crisis. En España el camino por recorrer hasta recuperar los niveles de bienestar previos a la crisis es mucho mayor: nuestro PIB per capita es todavía 7 puntos inferior.



La experiencia demuestra que hay vida al margen del euro: mientras en España el abandono del euro es un tema tabú, para los islandeses la no pertenencia al euro ha sido una bendición, ya que les ha permitido ganar competitividad y poner límites a los movimientos de capital especulativos.



La posibilidad de devaluar la moneda e implementar una política monetaria autónoma y expansiva han permitido que hoy la tasa de paro islandesa sea del 5%, frente al 25% española. La negativa a implementar recortes presupuestarios no sólo ha permitido a los islandeses superar la crisis, sino hacerlo con un reducido coste social: en Islandia la tasa de pobreza del 13% frente al 28% de España; y la desigualdad de renta (indicador S80/S20) es del 3´4 frente al 6´3 de España.



Otro de los temores azuzados desde el poder anunciaba a la debacle de las finanzas pública que seguiría al abandono del euro. Falso: el nivel de endeudamiento de Islandia es inferior al de España (91% frente a 100% del PIB), y su situación es más saneada puesto que exhiben un déficit público del -2´1% del PIB frente a nuestro -7´1%. Al implementar políticas económicas que impulsan el crecimiento, las arcas públicas se nutren de recursos tributarios, el déficit público se reduce y el endeudamiento se hace más llevadero.



Las enseñanzas de la experiencia islandesa son claras en materia política: la presión popular ha obligado ha reescribir el guión con una salida más social a la crisis, una salida muy diferente a la que se ha tomado en Irlanda, Grecia o España. Ha habido recortes sociales, pero su dureza ha sido atenuada por la movilización ciudadana. La estrategia española, por el contrario, demuestra que el miedo a los mercados se paga muy caro en términos de crecimiento, empleo y bienestar.

sábado, 30 de agosto de 2014

La situación económica en Alemania (Entrevista a La Radio del Sur, Venezuela).

La emisora venezolana "La Radio del Sur" me invitó a participar en su programa matinal en directo hablando de la situación económica en Alemania, el pasado 28 de agosto de 2014. Aquí tienen a su disposición el audio.

video

jueves, 28 de agosto de 2014

Cae nuevamente el crédito en la zona euro

Según datos difundidos hoy por el Banco Central Europeo (BCE), el crédito en la zona euro acumula ya 55 meses consecutivos de contracción. A pesar de que el BCE mantiene prestados 507.000 millones de euros a la banca privada, a tipos que van del 0% al 0´25%, el crédito a familias y empresas se encoge mes a mes. Así no es posible recuperación económica. La solución pasa por la creación de banca pública y replantear el funcionamiento del BCE para que este haga compras masivas de deuda pública en el mercado primario.




viernes, 22 de agosto de 2014

Alemania, camino del desastre



Los últimos datos sobre la evolución macroeconómica en Alemania muestran claramente la desaceleración de su economía: su PIB se contrajo un 0´2% en el segundo trimestre y todo apunta a que lo que resta de año será aún peor. Para el año en curso la Comisión Europea preveía un crecimiento del 0% y equilibrio presupuestario, previsiones que hoy parecen notablemente desfasadas por optimistas.

No debiera sorprendernos: la economía alemana es víctima de la política económica que sus dirigentes han impuesto a sus socios europeos. Incapaces de aprender de la experiencia histórica (la crisis actual tanto en su génesis como en la respuesta política es un calco de 1929), los banqueros alemanes han impuesto vía Merkel políticas de austeridad fiscal que han deprimido la demanda agregada, y con ello el PIB y el empleo. La moneda única ha impedido a los países en crisis no solo recuperar competitividad vía devaluación, sino implementar una política monetaria expansiva autónoma acorde con sus necesidades. A consecuencia de ello el crédito en la zona euro acumula ya 54 meses consecutivos de contracción real y en tales condiciones la demanda interna no puede despegar.

La estrategia de los magnates de las finanzas ha minado la economía de los principales socios comerciales de Alemania: cada vez somos más pobres y nos resulta muy difícil importar productos alemanes. En 2013 sus exportaciones cayeron un -0´2% y actualmente se contraen a un ritmo del -1´8%. A esa tendencia estructural habrá que sumar los efectos del conflicto Rusia – Ucrania y del veto a las exportaciones agrarias europeas: incapaz de exportar, la economía alemana no podrá dar salida a buena parte de su producción y sus fábricas, como las nuestras, frenarán en seco.

Ante esta situación cabe hacer algunos comentarios.

En primer lugar, el escenario al que nos enfrentamos no tiene nada de novedoso. Aunque es lugar común entre los economistas invocar la experiencia histórica de la República de Weimar (1919 – 1933) y la hiperinflación para justificar el sesgo anti – inflacionista de la política económica alemana, la historia de Alemania es mucho más amplia y el pasado reciente es muy relevante. En 1992 el sistema monetario europeo (SME), antecesor del actual euro, entró en crisis por la obcecación de mantener un tipo de cambio fijo entre países que, como España y Alemania, tienen evoluciones disímiles tanto en el ciclo económico como en productividad. El SME voló por los aires cuando los especuladores comprobaron que las economías europeas eran incapaces de crecer. El hundimiento de las economías europeas trajo consigo un periodo de atonía que duró hasta 1997 (incluyendo un déficit público del 9´5% del PIB en 1995). Ni Alemania ni, sobre todo, sus trabajadores lograron sortear la crisis: fueron entonces víctimas de la fortaleza del marco alemán como pronto lo serán del euro. Con la llegada al poder del Schröder en 1998 y la aprobación del paquete de medidas Hartz IV se inició el desmantelamiento del Estado de Bienestar germano. El argumento quizá les suene: que las políticas sociales desincentivan a los trabajadores (prefieren vivir a costa del Estado), restan competitividad a la economía y alimentan el déficit público.

En segundo lugar conviene aclarar que la buena parte de la salud de las finanzas públicas alemanas es solo aparente y que se debe al liderazgo económico del país: Alemania es un tuerto en un mundo de ciegos (la eurozona) y eso la ha hecho centro atractor de ingentes flujos financieros, convirtiendo la deuda pública alemana en un refugio para inversores de todo el mundo. Gracias a ello la deuda alemana ha llegado a rendir intereses negativos mientras que en países como el nuestro los tipos de interés se disparaban, teniendo que dedicar el 3´4% de nuestro PIB a intereses, frente al 2´1% de Alemania.

Pero el escenario de dinero barato y abundante del que ha gozado el Estado alemán desaparecerá si su PIB sigue contrayéndose, y todo apunta en esa dirección. Los especuladores huyen de economías cuyo PIB se contrae porque temen que no se generen recursos suficientes para atender el “servicio” de su deuda: ha sucedido en España y sucederá en Alemania. No debemos olvidar que la salud de las finanzas germanas son más un mito que una realidad: desde la  creación de la moneda única en 1999, el déficit público alemán ha superado el nivel del 3% ¡en siete ocasiones!... y en 2013 cerraró con un precario equilibrio presupuestario (nada de ostentosos superavits) y con un endeudamiento equivalente al 78´4% de su PIB… De ahí a la catástrofe va un paso.

Actualmente la gran duda es si Merkel aplicará en su país las mismas políticas contractivas que ha impuesto a sus socios europeos. La historia reciente muestra que, al igual que sucede con las personas, a las naciones se les aplica doble rasero (siempre más flexible con los ricos): a pesar del reiterado historial deficitario, al Estado alemán no se le ha impuesto sanción alguna por sus abultados déficits a pesar de que la legislación europea así lo establece, así que no es previsible que la Unión Europea presione a la canciller Merkel para implementar políticas restrictivas. El problema (suyo y nuestro) son los propios magnates de las finanzas: cuando los ingresos tributarios caigan por la contracción del PIB, exigirán al gobierno recortes presupuestarios para garantizar el pago de lo que se les debe como poseedores de deuda pública. Esa obcecación hundirá más su economía y la nuestra y será entonces cuando la existencia del euro, o al menos el modo en que se gestiona, pasará a estar en el orden del día de los gobernantes europeos.

martes, 19 de agosto de 2014

Recuperación bajo sospecha en la economía española



Rajoy afirma que la recuperación económica ya ha comenzado. Sustenta tal afirmación en los datos recientes del PIB y la EPA. Dado que el año próximo hay elecciones autonómicas y municipales, al gobierno le conviene insistir en la idea de una mejoría económica para mejorar sus expectativas de voto. Sin embargo los datos disponibles no justifican tanto optimismo.

En primer lugar debe tenerse en cuenta que los datos del PIB trimestral son “estimaciones” y  además “provisionales”. Al contrario que el PIB anual, el PIB trimestral no se calcula por procedimientos contables sino econométricos (estadísticos), por lo cual siempre están sujetos a cierto margen de error derivado de la calidad de los datos y del modelo econométrico utilizado. Tendremos que esperar hasta el 28 de agosto para que el último dato ofrecido (+1´2% interanual) sea confirmado (o no) por el INE.

En segundo lugar, aunque el dato llegase a confirmarse no implica necesariamente que la recuperación se haya iniciado, ni siquiera que esté cerca. A título de ejemplo tenemos lo ocurrido en el año 2011. En el primer trimestre el PIB crecía a una tasa del 0´6%, encadenando tres trimestres consecutivos de crecimiento positivo: todo parecía indicar que España había dejado atrás la recesión. Sin embargo, ello no impidió que en el segundo trimestre de ese mismo año se iniciase una nueva desaceleración que condujo a una contracción del -2´1% en el primer trimestre de 2012 (véase Gráfico 1).


De hecho, existen otros datos que ponen en tela de juicio el alcance de esta presunta recuperación, particularmente en lo que se refiere a la evolución del crédito y del sector exterior.

No es posible un crecimiento sostenido sin una evolución dinámica del crédito que permita expandir la demanda interna, particularmente en lo referente a la adquisición de vivienda y bienes duraderos por parte de los hogares. Y sin esa demanda las empresas no tienen razón para invertir en la reposición y ampliación de bienes de equipo.

El crédito a familias y empresas lleva decreciendo en términos reales (descontada la inflación) 40 meses consecutivos: los bancos se limitan a cobrar lo que se les adeuda y no prestar, a pesar de los ingentes recursos a coste 0% que les ha inyectado el BCE.  Actualmente (véase Gráfico 2) el crédito decrece a una tasa real del -4´8% y no hay razón alguna para pensar que el ambiente financiero pueda cambiar a mejor. De hecho el tasa de morosidad se encuentra en niveles históricamente récord (13´4%, Gráfico 3). Y he aquí la “pescadilla que se muerde la cola”: no habrá incremento del crédito si no se reduce a morosidad, pero ésta ni puede reducirse sin un incremento del crédito que reactive la economía y genere empleo y renta para las familias. Está claro que la banca privada no va a romper ese círculo vicioso: a pesar de la ingente cantidad de recursos públicos que se le han inyectado, y a pesar de los privilegios que se le ha otorgado al sector (condonación total o parcial de participaciones preferentes, subvención a la concentración de entidades, etc.), la banca privada está instalada en una estrategia de “esperar y ver” que lastra la recuperación económica.




En cuanto al comportamiento del sector exterior, tampoco está insuflando mucho dinamismo a nuestra economía. Tradicionalmente las exportaciones han sido la vía por la que nuestra economía ha salido de la crisis. La mal llamada “devaluación interna” (es sólo una devaluación salarial) teóricamente debería contribuir a aumentar nuestras exportaciones ya que mejora nuestra competitividad externa. De hecho desde marzo de 2010 los costes laborales unitarios crecen a tasas negativas: el factor trabajo es cada vez más barato para la empresa, en una tendencia que, gracias a la crisis a la conjunción de crisis y reforma laboral continuará en los próximos trimestres (véase Gráfico 4).


Pero las posibilidades de exportar no dependen exclusivamente de los precios de nuestros productos: influye y mucho la situación económica de nuestros socios comerciales. Si las economías de los principales destinos de nuestras exportaciones (Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña) se debilitan, reducirán sus importaciones (nuestras exportaciones) y, como puede apreciarse en el Gráfico 5, las exportaciones españolas están mostrando un comportamiento cada vez más débil.


En tercer lugar, los datos sobre la evolución del mercado de trabajo muestran que la creación de empleo en el II trimestre de este año (402.400 empleos) se caracteriza por su precariedad: puestos de trabajo temporales, a tiempo parcial y muy concentrados en el sector hostelero y comercial; empleos en definitiva de poco recorrido y que aportan escasa productividad a la economía. El dato se explica en buena medida por la tardía celebración de la Semana Santa, de modo que han coincidido en el mismo trimestre dichas festividades y el comienzo de la campaña veraniega. El 53´6% de los empleos asalariados creados son de duración temporal, y un 28´3% a tiempo parcial. El empleo creado se concentra en la rama de “Hostelería” (38%), “Comercio” (14´3%) e Industria Alimentaria y de Bebidas (4´5%), y Servicios de Mantenimiento de Edificios y Jardinería (4´4%) actividades todas ellas de carácter estacional, con niveles salariales reducidos. Se trata, en definitiva, de empleos que probablemente desaparecerán con las vacaciones veraniegas y que en poco o nada alivian el dramático problema de desempleo que sufrimos.

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sábado, 16 de agosto de 2014

Venezuela: Algunas Opciones de Política Tributaria para la Estabilización de la Inflación

Cualquier observador imparcial reconocerá que la economía Venezolana ha experimentado una importante evolución desde que en 1999 se iniciara la Revolución Bolivariana. El crecimiento económico y las políticas sociales implementadas han mejorado la calidad de vida de los venezolanos. Hoy Venezuela no solo es considerablemente más próspera que en el año 2000 (el PIB pc ha crecido un 17´7% en ese periodo), sino que los logros económicos han tenido su traducción al ámbito social. Quizá la variable que mejor lo sintetice sea el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el PNUD: desde el año 2000 el IDH ha crecido de forma sostenida y ya en 2007 ha logrado superar la media de América Latina.

Existe sin embargo un importante desequilibrio macroeconómico que persiste pese a los esfuerzos de
estabilización implementados en los últimos años, particularmente la gestión del tipo de cambio y el sistema de control de precios y costos: la inflación. Aunque la evolución de los precios al consumo no es tan elevada como lo llegó a ser a mediados de los años ´90, es justo reconocer que se trata de un desequilibrio muy preocupante.

Aunque en Venezuela y en América Latina existe una amplia experiencia en el diseño de programas de
estabilización, el objetivo del presente trabajo es analizar exclusivamente el modo en que podemos explotar la política tributaria para contribuir a la reducción de la inflación. Los programas de estabilización tradicionales, habitualmente auspiciados por el FMI, suelen tener un impacto severo en términos de pérdida de bienestar (caída de la producción, aumento del desempleo, mayor desigualdad…), lo que los hace poco deseables para la mayor parte de la población.

Probablemente un buen programa de estabilización debe conjugar medidas muy diversas en los ámbitos cambiario, monetario, fiscal, regulatorio, etc. Nuestra pretensión, mucho más modesta, es responder a la siguiente pregunta: ¿puede la política tributaria contribuir al control de la inflación sin los perjuicios de los
programas neoliberales?

[Ver artículo completo pinchando aquí.]
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viernes, 8 de agosto de 2014

EL IMPACTO DE LA CRISIS EN EL DETERIORO ALIMENTARIO EN ESPAÑA

En este artículo examinamos el impacto que la crisis iniciada con la implosión de la “burbuja  inmobiliaria” (1999 – 2007), ha tenido sobre el consumo de alimentos por las familias españolas. La extraordinaria duración e intensidad de la crisis económica iniciada en 2008, se ha traducido en una contracción del Consumo Privado en general y, más concretamente, del consumo de alimentos. En el periodo 2008 – 2013  el gasto en alimentos ha registrado una contracción real del -19´6%. Entre los alimentos cuyo consumo experimenta una mayor reducción encontramos aquellos que suministran un mayor valor proteínico al consumidor y, en general, alimentos frescos (carnes, pescados y frutas). Aumentan los derivados lácteos, el azúcar y la mantequilla, probablemente utilizados como sustitutivos de bienes de primera calidad (carnes y pescados frescos). Incluso se ha operado una reducción en aquellos alimentos que tradicionalmente han sido clasificados como “bienes inferiores”.

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