Hace meses que la economía China emite señales críticas. El
mercado inmobiliario lleva años recalentado, inmerso en una burbuja similar a
la que vivimos en España entre 1999 y 2007 y cuyos nefastos efectos aún
sentimos. La bolsa china ha sufrido un recalentamiento especulativo similar.
Parece que el pinchazo se ha iniciado: el índice de la Bolsa de Shanghái
acumula una caída del 31´5% desde mediados de junio. Los efectos pueden ser
demoledores para nuestra economía: necesitados de liquidez, los inversores
chinos venderán las acciones que poseen por las bolsas de todo el mundo
haciendo caer las cotizaciones de Telefónica, Banco de Santander, Deutsche
Bank...o J P Morgan. También venderán bonos soberanos de otros países y esto
provocará aumentos de los tipos de intrés en la Unión Europea y Estados Unidos.
Además, es de esperar que el empobrecimiento de los chinos reduzca sus
importaciones en todo el mundo, también su demanda de productos españoles
("efecto riqueza"). Recordemos que España exporta más de 4.000
millones de euros en mercancías al año a estye “mercado emergente”. Mucho me
temo que el tan cacareado "Socialismo con Características Chinas" es
vulgar capitalismo salvaje con un toque nacionalista, nada nuevo.
jueves, 9 de julio de 2015
domingo, 5 de julio de 2015
Grecia: ¿Culpa de Syriza?
Desde que se inició la actual crisis allá
por 2007, los griegos han visto reducirse su PIB per cápita un 24´6% en
términos reales: una brutalidad. Algunos griegos se habrán enriquecido gracias
a la especulación y el fraude, pero la inmensa mayoría son mucho más pobres que
entonces. De hecho hoy son más pobres que cuando se incorporaron al euro en
2001 (véase gráfico) ¿Hemos de echarle la culpa al "corralito" instaurado esta semana? ¿Al gobierno de Syriza, que lleva sólo 5
meses en el poder? No: el empobrecimiento de la sociedad griega viene de lejos,
fruto de las políticas de austeridad que han deprimido su economía. Lo único
que se le puede recriminar a Syriza es la falta de decisión para abandonar el
euro e instrumentar una política económica propia, como hacen el Reino Unido o
Dinamarca. Y en cuanto a las amenazas de expulsión de Europa... no sólo no son
creíbles sino que fuera de la Unión Europea no se vive tan mal. Recordad
Islandia: encarceló banqueros, tiene moneda propia, su PIB crece al 3´5%, su
inflación es del 0´8% y su tasa de paro es del 5%. Con miedo no se va a ningún
sitio.
miércoles, 17 de junio de 2015
Alimentación y crisis en España
La Encuesta de Presupuestos Familiares publicada ayer
desmiente el cansino discurso gubernamental sobre la supuesta recuperación
económica. Analizando el consumo real de distintas mercancías se comprueba que
las familias españolas son cada vez más pobres, que siguen sustituyendo
alimentos de buena calidad por alimentos peores, que su dieta sigue
empobreciéndose. A título de ejemplo hemos representado el consumo de pescado (kg
por persona y año). Hoy cada ciudadano consume un 27% menos de pescado que
antes de la crisis. Por el contrario el consumo de pastas (macarrones, etc..)
se ha disparado un 9%.
Agua, alcantarillado, residuos... cada vez más caros.
Una vez constituidas las corporaciones locales, es imprescindible que
hablemos de política municipal, ir a lo concreto. Por ejemplo del coste
del suministro del agua potable, el servicio de alcantarillados y la
recogida de basuras, competencias todas de ámbito municipal. Los datos
indican que entre 2006 y 2013 estos servicios se han encarecido
sustancial e injustificadamente en la Región de Murcia: cada murciano ha
tenido que pagar un 55% más, aunque el consumo de agua por persona
sólo ha crecido un 18%. Las multinacionales el agua utilizan nuestros
ayuntamientos para enriquecerse con la connivencia de quienes los
gobernaban: es hora de corregirlo.
miércoles, 27 de mayo de 2015
Los ayuntamientos españoles, sin liquidez.
Crudo y bien crudo lo van a tener los próximos gobiernos de las
corporaciones locales, sea cual sea su signo político. Según los últimos
datos disponibles (Banco de España), las corporaciones locales cerraron
2014 con unos activos líquidos de 14.987 millones de euros,
insuficientes para cubrir las deudas que vecen en el corto plazo por
importe de 18.402 millones de euros. Ese desfase entre liquidez y deudas
(-3.415 millones) vuelve a dejar la autonomía local en manos del
Ministerio de Hacienda y sus caprichosos fondos de liquidez. Montoro
manda. ¿Abrirá el grifo ahora que las elecciones han pasado y su partido
no está al frente de muchos ayuntamientos?
martes, 19 de mayo de 2015
Las finanzas de las Comunidades Autónomas españolas.
Los gobiernos que salgan electos en los comicios autonómicos de 24 de
mayo no lo van a tener nada fácil. A pesar de los mensajes de
recuperación económica que Rajoy reparte por doquier a modo de mantra
milagroso para desesperados, las finanzas de las Comunidades Autónomas
no han mejorado. Según datos del Banco de España, sus "activos
financieros netos" son negativos por importe de -241.376 millones de
euros: si utilizasen todo el dinero del
que disponen y vendieran todos los activos financieros que posee aun les
faltaría esa cantidad (el 25´5% del PIB) para pagar sus deudas. A largo
plazo las Comunidades Autónomas son insolventes y su modelo de
financiación está quebrado. ¿Y en el muy corto plazo? La situación es
igual de grave: las deudas que hay que pagar ya mismo superan en -7.792
millones de euros el dinero disonible; no hay dinero para pagar a tiempo
a trabajadores y proveedores. Lo que las Comunidades Autónomas han
hecho estos años de ajuste ha sido sustituir deuda con bancos y
proveedores por deuda con con el Ministerio de Hacienda. Conclusión: a)
el ministro Montoro es quien verdaderamente manda en las Comunidades
Autónomas, b) veo más recortes en el horizonte, c) sin un cambio de
gobierno estatal no hay salida a la crisis.
domingo, 17 de mayo de 2015
Venezuela: reservas internacionales bajo mínimos.
Tal y como cabía esperar la drástica caída del precio del petróleo está afectando gravemente a las reservas internacionales con las que cuenta la República Bolivariana de Venezuela. Los últimos datos publicados por el BCdV indican que se ha registrado un mínimo histórico: 17.930 millones de dólares, el nivel más bajo desde 5 de septiembre de 2003. Tanto si comparamos esa cuantía con la oferta monetaria disponible en bolívares, como si lo hacemos con las necesidades mensuales de importaciones, la conclusión no admite dudas: urge un programa de reforma monetaria y tributaria no neo-liberal que corrija estos desequilibrios y preserve las conquistas de la revolución bolivariana.
["¿Es inevitable la escasez en Venezuela?"]
["¿Es inevitable la escasez en Venezuela?"]
sábado, 25 de abril de 2015
2020: El "baby boom del ladrillo" y el hacinamiento en las aulas españolas.
En cuestiones como la Educación es conveniente pensar a largo plazo: hoy
las aulas están masificadas pero pronto lo estarán aún más. Es el caso de la Región de Murcia (España). En el año
2020 (está a la vuelta de la esquina) se producirá la mayor
incorporación de alumnos de la historia reciente de nuestro país:
potencialmente 19.386 alumnos nacidos en 2008, al calor de la
prosperidad de la burbuja inmobiliaria. De hecho antes de 2020 se dejará
sentir el "baby boom del ladrillo". Pregunto: ¿hemos previsto la
construcción de IES suficientes?
La Universidad española cada vez más cara
Desde septiembre de 2012, el coste de la enseñanza universitaria en España no cesa de crecer. En el gráfico adjunto se comprueba la evolución del IPC general y el Índice de precios de la enseñanza universitaria, ambos calculados por el INE, con base enero - 2011: 100. Vamos hacia un modelo cada vez más elitista: asistimos a la deconstrucción del modelo democrático surgido de las movilizaciones de los años 80 y 90. La reforma del ministro Wert (3+2) viene a acelerar el proceso.
domingo, 12 de abril de 2015
¿Es inevitable la escasez en Venezuela?
La imagen
recurrente de colas de ciudadanos tratando de conseguir bienes de primera
necesidad a precios asequibles, es uno de los aspectos más controvertidos de la
realidad venezolana. Las colas existen: son la contrapartida de la escasez reinante
en un país que, paradójicamente, ha logrado por vez primera en su Historia revertir
los frutos del petróleo (la renta petrolera) en mejoras significativas para la
gran mayoría de los ciudadanos.
Desde
que Hugo Chávez ganara sus primeras elecciones en diciembre de 1998, el
proyecto bolivariano ha logrado revalidarse periódicamente en elecciones
parlamentarias y presidenciales y ha logrado incluso superar un referéndum
revocatorio. De la mano del proyecto bolivariano los venezolanos han visto como
el desempleo se reducía del 15% al 7´3% de la población activa, la renta per
cápita se incrementaba en un 226% y la tasa de población indigente se reducía
del 21´7% al 9´8%. Los logros en materia de reducción de desigualdad también
son palpables: el Índice de Gini ha pasado de 0´507 a 0´407 en este periodo.
Como síntesis de estos logros, Venezuela ha escalado tres puestos en el Índice
de Desarrollo Humano que anualmente elabora Naciones Unidas.
Y
sin embargo, persisten la escasez y las colas junto a mercados paralelos bien
abastecidos a precios abusivos.
Esas
colas, que causan justificada irritación entre la población por la pérdida de
tiempo y la incertidumbre que generan, se han convertido en un grave problema
social que resta credibilidad y apoyo social y político a las políticas del
gobierno del presidente Maduro, poniendo en serio riesgo la continuidad del
proyecto político bolivariano en Venezuela.
Cabe
preguntarse ¿son inevitables las colas? ¿Es inevitable la escasez de productos
esenciales como la carne, el café, el papel o los medicamentos? ¿Inevitable en
un país con ingentes recursos petroleros?
Lo
primero que debe tenerse bien claro es que la escasez viene de tiempo atrás,
incluso de los años en los que el petróleo cotizó a precios estratosféricos
(por encima de 150 dólares / barril) y las exportaciones petroleras aportaban
más de 90.000 millones de dólares anuales al país. Actualmente es difícil que
se logre llegar a la meta de 70.000 millones. Cabe pues esperar que la
situación se agrave a lo largo de este año salvo que el Gobierno del presidente
Maduro adopte las medidas adecuadas.
Históricamente,
Venezuela ha sido un país importador de bienes de consumo y su disponibilidad
estaba ligada a las divisas obtenidas por la exportación de petróleo. Pareciera
entonces que la escasez es, ante todo, resultado de una oferta insuficiente de
dólares: menor renta petrolera, menores divisas, menor capacidad de importación
de bienes de consumo… Esta es una verdad a medias: lo que Venezuela sufre es un
exceso especulativo de demanda de dólares, que limita la oferta de dólares finalmente
destinados a la importación de bienes de consumo.
En
su lucha contra la inflación y la escasez, el gobierno bolivariano implementó
un sistema de tipo de cambio intervenido, con una paridad preferencial de 6´3
bolívares por dólar que el Banco Central de Venezuela suministra a las empresas
importadoras: en tales condiciones los venezolanos deberían gozar de bienes de
consumo abundantes y asequibles (téngase en cuenta que en el recién creado
mercado marginal de divisas el dólar cotiza en torno a los 170 bolívares /
dólar).
El
problema es que la corrupción de los funcionarios públicos encargados de
vigilar el correcto empleo de las divisas otorgadas a tipo preferencial, y la
acción fraudulenta de empresarios empeñados en la evasión de divisas impiden
que los dólares de la renta petrolera se traduzcan en importaciones asequibles
de bienes de consumo. Dos prácticas habituales para saquear la renta petrolera son
la sobrefacturación y el contrabando (prácticas que no son ajenas a la economía española)
Mediante
la sobrefacturación la empresa venezolana importadora acuerda con la empresa
extranjera que le vende el producto la confección de una factura falsa en la
que el precio del producto importado se infla: la empresa venezolana logra así
sacar dólares del país sin traer el volumen de producto que sería lógico.
Mediante el contrabando, la empresa venezolana sí adquiere el volumen de
producto para el cual solicitó dólares a precios preferenciales pero los
revende ilegalmente en el exterior, principalmente en la vecina Colombia. En ambos
casos el resultado es escasez de productos y fuga de divisas.
El
centro de estudios venezolano ALEM – CIFO ha aportado evidencias concretas
sobre estas prácticas. Por ejemplo, entre 2003 y 2012 las importaciones de café
crecieron un 9.765% y sin embargo en los comercios venezolanos es casi
imposible encontrar este artículo. Otro tanto sucede con los productos farmacéuticos,
cuya importación se ha incrementado un 1358%, mientras los medicamentos
escasean en los anaqueles de las farmacias.
Mientras
operen las prácticas fraudulentas descritas será difícil de resolver la escasez,
incluso en épocas de esplendor petrolero: la demanda fraudulenta de divisas es
siempre superior a la oferta disponible.
La
solución pasa por cerrar, en la medida de lo posible, la brecha entre oferta y
demanda de divisas, contrayendo el componente especulativo de la demanda de
dólares.
Al
respecto existen diversas alternativas.
El citado
centro de estudios ALEM – CIFO propone la nacionalización del sector
importador, de modo que las divisas de la renta petrolera no salgan del control
estatal. Esto permitiría que las divisas a precio preferente se aplicasen
efectivamente a la importación de bienes para la población, con incremento
notable del volumen de bienes importado por cada dólar. Sin embargo esta
propuesta tiene al menos un grave inconveniente: el presidente Maduro y su
gobierno son cada vez más reticentes a adoptar medidas socializantes como las
de su predecesor; las nacionalizaciones como las llevadas a cabo por Hugo Chávez
parecen no formar parte de su agenda política.
A
partir de ese escenario cabe barajar varias opciones.
El
gobierno venezolano no puede renunciar a mejorar los controles administrativos
sobre las empresas que acceden a dólares preferenciales. Mientras sea posible
eludir tales controles, la existencia del tipo de cambio preferencial será
fuente no solo de escasez, sino de apropiación fraudulenta de la renta
petrolera y fuente de alimentación de la especulación contra el bolívar. Sin
embargo, la lucha contra el fraude y el contrabando no suelen rendir frutos en
el corto plazo porque en muchas ocasiones esas prácticas están fuertemente
arraigadas e incluso cuentan con la comprensión de ciertos sectores de la
población (cuando no la connivencia de algunos gobernantes).
En
mi opinión el gobierno del presidente Maduro dispone de algunas herramientas
eficaces en el corto plazo que no son incompatibles con otras medidas de mayor
calado, que eventualmente pudiera acometer en el medio y largo plazo
(diversificación, industrial, reforma fiscal, etc).
Tanto
la política cambiaria como la política monetaria deberían contribuir a reducir
el componente especulativo de la demanda de dólares. Hay que tener muy en
cuenta que los procesos especulativos se retroalimentan: las rentas obtenidas
de operar fraudulentamente con el bolívar a tipo preferente no son sólo un
incentivo para especular sino que generan rentas que a su vez, sirven para
ampliar la demanda de nuevos dólares a tipo preferencial.
Urge
cortar la retroalimentación de los procesos especulativos y para ello hay
varias medidas perfectamente compatibles entre sí.
Un
primera opción consiste en devaluar el bolívar preferente. De esa manera se
reduce tanto el incentivo para el fraude
(que no es otra cosa que la brecha entre el tipo preferente y el tipo del
mercado marginal/paralelo); como la masa de bolívares baratos a disposición de
los especuladores. Téngase en cuenta que cada vez que un defraudador gasta 6´3 bolívares
en comprar un dólar lo revende por unos 170, con lo que dispone de otros 163´7 bolívares
fresquitos para ampliar la jugada especulativa. Recortando la renta de los
especuladores limitamos su capacidad de seguir apostando contra el bolívar.
No
se trata de devaluar el bolívar para que el tipo de cambio preferencial
converja hacia el que rige en el mercado negro sino todo lo contrario: lograr
que la contracción del tipo de cambio paralelo sea más intensa que la devaluación
del preferencial.
Es
cierto que las devaluaciones tienen muy mala presa en América Latina porque
históricamente han devenido en inflación o hiperinflación. Pero este no es el
caso: tanto la escasez como la elevada inflación venezolanas son expresión de
la inflación reprimida en el ámbito cambiario. No es el tipo de cambio preferencial
sino el marginal el determinante del precio los bienes de consumo y en la
medida en que se logre cierto control sobre este último se progresará en la
lucha contra la escasez y la inflación.
La
segunda opción es endurecer la política monetaria. Actualmente los tipos de
interés activos del Banco Central de Venezuela son muy inferiores a la inflación
observada y esperada (tipos a 19´27% frente a una inflación de 68´5%). Esa enorme
brecha permite que solicitar créditos en bolívares para especular sea muy rentable,
incluso sin tocar un dólar. Grosso modo, si se solicitan 100 bolívares al banco
y se gasta en bienes de consumo; al cabo del año se revende la mercancía por
168 bolívares y se devuelve al banco 120. El especulador ha ganado 48 bolívares
en la operación. Si además el dinero obtenido a crédito se destina a comprar
fraudulentamente bolívares a tipo preferencial, la ganancia es infinitamente
mayor. La única solución pasa por elevar sustancialmente el tasa de interés
activa del Banco Central de Venezuela y que esta sea a su vez repercutida entre
su clientela. En síntesis: hay que evitar que el sector bancario financie
directa o indirectamente la adquisición fraudulenta de bolívares preferenciales
o la acumulación especulativa de bienes de consumo.
La
necesidad de retirar dinero de manos de los especuladores no es tarea menor. Actualmente
la oferta monetaria en bolívares (M2) crece a un ritmo interanual del 62´9%.
Meses y meses de crecimiento desbocado hacen que actualmente, al tipo de cambio
de 6´3 bolívares/dólar, y con unas reservas internacionales de 22.238$
(noviembre) la demanda potencial de dólares sea 13 veces superior a su oferta
(en 2010 esa proporción era de sólo 2
a 1). Esto constituye una presión inaguantable sobre el
tipo de cambio que el gobierno del Maduro tiene que resolver.
La
tercera gran baza del gobierno bolivariano es la política tributaria. De
acuerdo con los datos de la OCDE la presión fiscal en Venezuela es muy inferior
a la del conjunto de América Latina (14´2% frente a 21´3%), e incluso
notablemente inferior a la de su vecina Colombia (20´1%). Hay margen para crear
nuevos tributos con un diseño progresivo que sirvan para contribuir a financiar
las políticas bolivarianas, penalizar las operaciones especulativas y
estabilizar el escenario macroeconómico.
Existe
en definitiva la urgencia de acometer el problema de la escasez, porque daña la
calidad de vida de los ciudadanos venezolanos y pone en riesgo la continuidad
de las políticas bolivarianas que tan buenos resultados han dado en el ámbito
social. Y existe la posibilidad de diseñar un menú de políticas económicas de
corto y medio plazo con las que resolver satisfactoriamente esa tarea sin tener
que acudir a programas de ajuste neoliberales (privatizaciones, despidos, etc).
La pelota está en el tejado del gobierno venezolano.
domingo, 5 de abril de 2015
Suicidios y crisis en España
El INE ha publicado las causas de defunción en España de 2013. Una de
las conclusiones es clara: la crisis está afectando y mucho a la salud
de la gente. Uno de los indicadores, el número de suicidios, es
alarmante: 3.870 suicidios en 2013, un 18% superior a la media histórica
(línea azul del gráfico). La causas que pueden llevar al suicidio son
de muy distinta naturaleza pero no creo que sea casual que en los
últimos años de agudización de la crisis económica este fenómeno se haya
intensificado. El neoliberalismo mata.
lunes, 30 de marzo de 2015
Los gobiernos bolivarianos y el cambio de ciclo
La nueva etapa con la caída del precio del petróleo que estamos viviendo a nivel mundial supone un grave riesgo para la continuidad de las políticas de orientación “chavista” en América Latina. El impacto de los precios del petróleo ya se está dejando notar en las respectivas balanzas de pagos y en los saldos presupuestarios (leer aquí).
sábado, 7 de marzo de 2015
Syriza: o Salónica o el euro.
La carta remitida al Eurogrupo por
el ministro griego de finanzas, Sr Varoufakis, ha causado casi tanto revuelo
como sus primeras apariciones públicas tras la esperanzadora victoria de
Syriza. Los desplantes de primera hora a la “troika” han dado paso al inicio de
una negociación en la que muchos vislumbran una temprana traición al programa electoral
(el llamado “Programa de Salónica”) que les condujo a la victoria de 25 de
enero.
Es muy pronto para vaticinar como
van a discurrir los acontecimientos, pero es útil matizar algunas afirmaciones
que se vierten en los medios de forma poco rigurosa.
En primer lugar, la carta remitida
por el ministro Varoufakis el 23 de febrero al Eurogrupo (ministros de finanzas
de los países que forma parte del euro), es sólo una declaración formal de
inicio de negociaciones sobre el programa de estabilización (“Programa de
Ajuste Económico”) firmado en mayo de 2010 y actualizado en 2012 entre la
“troika” y el gobierno griego, presidido entonces por el socialdemócrata Yorgos
Papandreu. De hecho, y como corresponde a este tipo de procesos, se trata de un
documento escrito en términos muy generales, que emplaza a los negociadores
para discutir un documento más concreto a finales de abril próximo. No es ni
siquiera un esbozo de las pretensiones del gobierno de Syriza. Por esa misma
razón es un texto pactado entre ambas partes (Eurogrupo + Gobierno griego), no
un texto espontaneo.
Para algunas voces, el simple hecho de que el gobierno del
señor Tsipras se haya prestado a negociar los términos del rescate en curso en
vez de denunciarlo sin más supone de por sí una traición al “Programa de
Salónica”, en el que de forma expresa reclamaba: “Cancelar la mayor parte del valor nominal de la
deuda pública para que sea sostenible en el contexto de una «Conferencia europea de la deuda»… Incluir
una «cláusula de crecimiento» en el pago de la parte restante de la deuda, de modo
que sea financiada en base al crecimiento y no el presupuesto. Incluir un
período significativo de gracia («moratoria») en el servicio de la deuda para dedicar
fondos al crecimiento. Excluir la inversión pública de las restricciones del
Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Un «New
Deal europeo» de inversión pública financiada por el Banco Europeo de Inversiones.
Flexibilización cuantitativa del Banco Central Europeo con compra directa de
bonos soberanos”.
El texto da “una de cal y una de arena”, guiños a la izquierda
y guiños (muchos) a la derecha. Entre los primeros, el acento en la lucha
contra el fraude fiscal como fuente principal de ajuste presupuestario frente a
los tradicionales recortes de gasto público; la renuncia a nuevas
privatizaciones o la implementación de un plan contra la crisis humanitaria que
sufren los griegos (subsidios para electricidad, alimentos, etc). Entre los
segundos, la renuncia a la creación de empleo público, el respeto a los procesos
de privatización ya culminados o en curso, la posibilidad de una subida
encubierta del IVA y, en definitiva, la garantía de que ninguna medida
(incluyendo la lucha contra la crisis humanitaria) afectará a los objetivos de
déficit público negociados con la “troika”.
La carta es en realidad un formalismo y no hay evidencias
que nos permitan asegurar que Syriza ha renunciado ya a su programa original:
las partes se han dado un tiempo y desconocemos si en estos momentos, entre
bambalinas, afilan cuchillos para un “enganchón” digno de gatos en celo o si,
por el contrario, tejen armoniosa y silenciosamente un encaje de bollillos neoliberal
al gusto del BCE.
Lo que sí es evidente es que esta carta y el “Programa de
Salónica” son absolutamente incompatibles por dos razones: a) por su coste, 11.000
millones de euros (alrededor del 6% del PIB griego), que supondría una severa
desviación de la senda de ajuste de déficit público impuesta por la “troika” y
b) porque el “Programa de Salónica” implica la paralización del programa de
reformas impuesto a Grecia en la negociación del rescate.
En mi opinión, o bien el gobierno griego se pliega a las
exigencias de la “troika” y renuncia al “Programa de Salónica” (cosa que personalmente
no deseo) o bien entra en conflicto abierto con ella para dar cumplimiento al
programa electoral con el que consiguió el apoyo mayoritario de la población
helena.
Seamos sinceros: mientras Grecia permanezca en el euro, desobedecer
a la “troika” supone el riesgo de ser castigado con un corte en el suministro
de liquidez al sector público y sector financiero. El gobierno griego necesita
dinero fresco por importe de 31.100 millones de euros para cubrir el déficit
público y refinanciar la deuda que vence en 2015; la banca griega debe más de
56.000 millones de euros al BCE. Mantenerse en el euro es aceptar que el mango
de la sartén sigua en manos de la “troika”: cualquier desviación de la senda
neoliberal marcada por la “troika” puede desembocar en una crisis de iliquidez
de consecuencias catastróficas en la que ningún gobierno democrático está
dispuesto a incurrir. El precio de ese irracional “culto al euro” es ya
evidente: más desempleo, más pobreza y más desesperanza para el pueblo griego.
El gobierno de Syriza debería contemplar una salida ordenada
del euro como una oportunidad. Incluso los economistas no dogmáticos de la
derecha europea lo entienden así.
Salir del euro supone recuperar la soberanía monetaria lo
cual no es un asunto de nacionalismo nostálgico: supone la posibilidad de
reactivar el crédito y poner a funcionar la economía griega. Son ya 51 meses consecutivos
de contracción nominal del crédito (desde octubre de 2010) y ninguna economía capitalista
puede crecer sin crecimiento crediticio. Disponer de moneda propia supone la
posibilidad de impulsar el crédito, el crecimiento y el empleo.
Si además esa salida del euro va acompañada de una
devaluación, ello permitiría recuperar la competitividad perdida frente a sus
principales socios comerciales. Actualmente la balanza comercial griega es
deficitaria por importe superior a 20.000 millones de euros y el drenaje de
recursos que se produce por esa vía supera, con mucho, el ahorro de divisas que
ha logrado el país ajustando su déficit público: de hecho es 10 veces superior
al déficit público previsto para 2015. ¿De qué sirven recortar servicios
públicos si las divisas se fugan por una balanza comercial deficitaria
ocasionada por la falta de competitividad? Con una devaluación se restauraría
parte de la competitividad perdida desde la incorporación de Grecia al euro (un
11´1% frente a sus socios de la Eurozona), cosa que no se ha logrado con las
medidas de austeridad y liberalización salvaje promovidas por la “troika”. Por
supuesto, la salida del euro debe ir de la mano de una decidida lucha contra el
fraude fiscal, de modo que ese mayor crecimiento económico revierta en una
mejora de las finanzas públicas.
Ciertamente el abandono del euro podría provocar algunas
turbulencias financieras pero la Historia demuestra que con los controles de
capital adecuados estas son transitorias y con un impacto limitado sobre el PIB:
Grecia no es el primer caso (ni sería el último) de un país que abandona un
tipo de cambio fijo o devalúa su moneda. La restauración del crecimiento no
solo permitiría reducir ostensiblemente las actuales tasas de desempleo y
pobreza (26´6% y 35´7% respectivamente), dando así cumplimiento a un programa
electoral que ha concitado la esperanza mayoritaria de la población helena,
sino que incluso favorecería un rediseño más racional de la nueva Eurozona,
integrada por aquellos países con una evolución más pareja en materia de
productividad.
viernes, 20 de febrero de 2015
La Privatización de las Cajas de Ahorros Españolas
Las cajas de ahorros han sido las víctimas silenciosas de las
drásticas reformas financieras acometidas desde 2009 como parte de la
estrategia de los gobiernos españoles frente a la crisis. Los datos son
harto elocuentes: si en 2008 el sector de cajas de ahorros estaba
integrado por cuarenta y seis entidades, actualmente sólo quedan cinco. (pinchar aquí).
miércoles, 21 de enero de 2015
La auditoría de la deuda y el futuro del euro
La idea que defiendo en estas líneas es bien sencilla de
formular: resulta un contrasentido aspirar a reestructurar la deuda pública y,
simultáneamente, mantenerse aferrado al euro. Abandonar planificadamente la
moneda única es una medida menos conflictiva pero más eficaz para la
recuperación de nuestra economía que suspender el pago de la deuda externa. Por
eso no es políticamente creíble propugnar la permanencia de España en el euro
por miedo a la reacción de los mercados mientras se desprecia la respuesta, a
todas luces más violenta, que una reestructuración unilateral de la deuda
pública conllevaría. Tan absurdo, salvando las distancias, como temer las
consecuencias del contagio de una gripe y no a las del ébola.
La extraordinaria duración e intensidad de la actual crisis
en España contrasta con la exitosa experiencia de países gobernados por la
izquierda transformadora en América Latina, particularmente en lo que a gestión
de la deuda se refiere. Esto ha propiciado la irrupción del debate sobre qué
hacer con nuestra exorbitante deuda pública, debate en el que son continuas las
referencias a la experiencia latinoamericana (y muy especialmente a Ecuador).
Ciertamente el problema de la deuda es susceptible de muchos enfoques no
excluyentes entre sí, pero me gustaría centrarme en el plano económico, más que
en el aspecto político o ético.
Sabemos que la deuda es una losa que lastra nuestra
recuperación económica y obliga a los ciudadanos a trabajar a cambio de
salarios reales miserables, más miserables aún una vez descontados los
impuestos a los que hay que hacer frente pasa satisfacer las demandas de la
“troika”.
Frente a ello se manejan varias alternativas. La primera de
ellas es la realización de una “auditoría sobre la legitimidad de la deuda”.
Recordemos que una auditoría de esa naturaleza es
ante todo un “proceso político”, un proceso de “toma de conciencia popular”,
una especie de revisión histórica de lo que se ha hecho mal, en el que la labor
del economista es más de soporte técnico que protagonista. Además, se pretende
que el efecto de la auditoría no sea testimonial: se trata de identificar qué
deudas es ilegítimo pagar y… efectivamente… no pagarlas. Salvo que estemos
hablando de “auditoría de deuda” en un sentido banal, como mero ejercicio de
erudición o como aquelarre festivo, la auditoría es un proceso que
necesariamente desemboca en una fase de “conflicto con los acreedores”.
También es frecuente recurrir al
concepto “reestructuración de la deuda”. La reestructuración es en principio un
proceso negociado, una alternativa al conflicto con los acreedores, en la que
la deuda se paga… pero en condiciones que garanticen la viabilidad de la
economía deudora (por ejemplo modificando los plazos, carencias o tipos de
interés). Obviamente se puede negociar una quita, y no sería la primera vez que
los acreedores lo aceptan. Pero lo único que se hace es convalidar las deudas
heredadas del pasado: darlas por buenas independientemente de su origen. Esta
noción de restructuración, dominante en el mundo financiero, choca
diametralmente con el concepto de “auditoría de legitimidad”. Cosa distinta
sería reestructurar “unilateralmente” la deuda, sin negociación con los
acreedores: en ese caso estaríamos en una situación análoga a la del impago.
Al no disponer de una moneda
propia, cualquier intento de hacer efectivos los resultados de una verdadera
“auditoría de deuda”, cualquier intento de actuación unilateral del deudor
(impago total o parcial, reestructuración…) podría traer como consecuencia no
ya una reacción de los mercados (eso por descontado), sino simple y llanamente
el corte de suministro de dinero por parte del banco emisor. Recordemos que la
banca española debe actualmente 150.994 millones de euros al BCE: si en
respuesta a la legítima auto – reestructuración de la deuda el BCE opta por no
refinanciar esos saldos, nuestra economía se vería colapsada en cuestión de
días. Simple y llanamente por falta de circulante con el que operar. La
conclusión es que necesitamos una moneda y si el BCE, en represalia política,
no está dispuesto a facilitárnosla no tendremos más opción que procurárnosla
nosotros mismos como históricamente han hecho todos los países soberanos.
Conviene advertir que es muy
diferente “salir programadamente” del euro que ser “expulsado abruptamente” del
club.
Con una salida programada del
euro, en la que se diseñasen mecanismos de respuesta a eventuales turbulencias
transitorias (controles de capitales, etc), recuperaríamos la autonomía
monetaria lo cual nos permitiría practicar políticas económicas expansivas y
selectivas: hoy el acceso al crédito es tremendamente fácil si lo que se
pretende es especular en alguno de los innumerables mercados abiertos a nivel
mundial, y casi imposible para instalar una fábrica y crear empleo. Y mucho más
fácil para las grandes corporaciones que para la pequeña empresa.
Adicionalmente podríamos devaluar la nueva moneda frente a nuestros
competidores, que falta nos hace porque una de las consecuencias del carácter
rentista y especulador del empresariado español es la pérdida sistemática de
competitividad exterior por falta de inversión – financiación de actividades
I+D+i; y en el corto plazo ese desequilibrio sólo puede corregirse
(desgraciadamente) mediante una devaluación.
Obviamente el tipo de cambio de
la nueva moneda, como sucede siempre,
dependería en parte de los mercados financieros, en parte del
comportamiento de nuestros agregados macroeconómicos y en parte de la política
cambiaria de nuestro propio banco central. Es más, podríamos establecer un
régimen cambiario que vinculase nuestra nueva moneda al euro pero de manera
flexible para corregir la evolución de nuestra productividad.
Curiosamente un abandono
programado del euro permitiría que todos los acreedores cobrasen: pero en
nuestra moneda, o en dólares… como ha sucedido tradicionalmente. Y de hecho el
impacto positivo sobre el PIB haría disminuir la ratio deuda/PIB y relajaría
las previsibles tensiones financieras iniciales. Recuperando el crecimiento
económico desaparecería el pernicioso “efecto snowball”, por cual del cual
nuestra deuda externa crece inercialmente. Es, desde luego, una opción menos
conflictiva que el impago total o parcial de la deuda declarada unilateralmente
“ilegítima”.
Se habla mucho de la exitosa
experiencia ecuatoriana: una experiencia que difícilmente podríamos reproducir en
España. En mayo de 2009, después de un intenso y ejemplar proceso de auditoría
sobre la legitimidad de la deuda que el presidente Rafael Correa encomendó al
CAIC (Comisión para la Auditoría Integral del Crédito Público), se declaró la
mora en el pago de los intereses de la deuda denominada Bonos Global 2012 y
2030, rescatando un nominal de 3.241 millones de dólares por el 35´5% de su
valor, con lo que la deuda externa se redujo en un tercio, del 18´6% al 14´2%
del PIB y se produjo un importante ahorro para las arcas públicas.
La operación no fue inocua en
términos macroeconómicos (el PIB cayó del 6´4% de 2008 a un exiguo 0´6% en
2009, y las reservas externas pasaron de 4.473 millones de dólares a poco más
de 2.675 millones), pero el Gobierno de Rafael Correa supo enfrentarlos
implementando medidas del siguiente tenor: en materia arancelaria se crearon/aumentaron
aranceles en 627 subpartidas arancelarias (algo ilegal entre países miembros de
la Unión Europea); ante la fuga de inversores las emisiones de deuda pública
ecuatoriana fueron sustituidas por préstamos bilaterales de los que China es
principal contraparte, poseyendo actualmente deuda ecuatoriana por valor de
4.695 millones de dólares, equivalente al 28% de su deuda externa (y
garantizada íntegramente con petróleo ecuatoriano). ¿Qué país jugaría para
España ese rol de asistente financiero que China desempeña con Ecuador? Además,
Ecuador tiene su propia moneda, aunque vinculada al dólar estadounidense desde
la reforma monetaria de marzo de 2000, lo que le permitió cierto grado de
autonomía para practicar una política monetaria que compensase los posibles
efectos contractivos de la fuga de capitales: nuestra permanencia en el euro
hace inviable una respuesta monetaria de ese tenor. Por último, pero no menos
importante, es justo resaltar que a partir de 2009 el precio del petróleo,
principal exportación ecuatoriana, comenzó una senda alcista que duró hasta
junio de 2014: si las exportaciones petroleras ecuatorianas fueron de 6.284
millones de dólares en 2009, en 2013 se batía el record de 13.412 millones. Los
ingentes recursos tributarios asociados al petróleo evitaron que el Gobierno
ecuatoriano tuviera que acudir de forma sistemática y precaria a unos mercados
internacionales “escaldados” con la quita de 2009.
En resumen, la cuestión de fondo es ésta: ¿qué grado de
conflicto estamos dispuestos a asumir para salir ya de la crisis? Desde luego
una salida programada del euro resulta menos conflictivo que el impago o la
reestructuración unilateral de la deuda.
martes, 6 de enero de 2015
La izquierda latinoamericana sin petróleo
La nueva
etapa de petróleo “barato” que estamos viviendo a nivel mundial supone un grave
riesgo para la continuidad de las políticas de orientación “chavista” en
América Latina: así de sencillo, así de triste y así de grave.
La
gran obra de los gobiernos de inspiración chavista ha consistido en poner por
vez primera en la historia de Latinoamérica los recursos naturales de los países
respectivos al servicio de sus ciudadanos. Obviamente ni era ni es justo
esperar que en tan pocos años de gestión estos gobiernos recuperasen todo el
tiempo perdido bajo el mandato de las oligarquías poscoloniales: recordemos que
el chavismo gobierna Venezuela desde 1999; Evo Morales preside Bolivia desde
2006 y Rafael Correa es presidente de Ecuador desde 2007. Poco tiempo cuando se
trata de corregir desequilibrios históricos.
Tanto
en términos de prosperidad como en términos de desarrollo, lo logrado hasta el
momento es bastante satisfactorio y merece ser calificado como proeza: según la
evolución del Índice de Desarrollo Humano (elaborado anualmente por Naciones
Unidas), estos países han experimentado avances socioeconómicos muy importantes;
de hecho mientras ese indicador ha crecido un 2´9% en España en el periodo 2005
– 2013, estos países lo han hecho a un ritmo muy superior (véase Cuadro 1). Un botón de muestra: en solo 10
años, la pobreza extrema (proporción de habitantes que viven con menos de 2
dólares al día) ha sido reducida a la mitad.
Cuadro 1
|
Evolución del Índice de Desarrollo Humano de
Naciones Unidas
|
|||||
|
|
2005
|
2013
|
Variación
|
||
|
|
Puesto
|
IDH
|
Puesto
|
IDH
|
|
|
Bolivia
|
108
|
0,636
|
105
|
0,667
|
4,9%
|
|
Venezuela
|
70
|
0,716
|
64
|
0,764
|
6,6%
|
|
Ecuador
|
87
|
0,687
|
92
|
0,711
|
3,4%
|
|
España
|
26
|
0,844
|
26
|
0,869
|
2,9%
|
|
Fuente: elaboración propia
a partir de IDH (PNUD).
|
|||||
Sin
embargo, una de las principales deficiencias de su gestión, y que ahora cobra
triste actualidad, ha sido precisamente la insuficiente diversificación de su
estructura productiva: recibieron economías fuertemente dependientes de la
producción de petróleo y gas natural (monocultivos energéticos) y… una década
después lo siguen siendo. En el caso de Ecuador el petróleo constituye el 54´8%
de sus exportaciones, en Bolivia gas natural y petróleo suponen otro 56´8% y en
Venezuela la cifra se dispara hasta el 66´7%. Por esta razón buena parte del
PIB de estos países y de los ingresos presupuestarios de sus respectivos
gobiernos dependen de la exportación de hidrocarburos. La caída en la
cotización media del petróleo (105 $/barril entre 2011 y 2013, frente a los 60$/barril
actuales) supone un duro golpe macroeconómico frente al que los gobiernos
tendrán que tomar medidas.
La caída
del precio del petróleo afectará en primer lugar al PIB por la vía del consumo
privado, al disponer ciudadanos de menores ingresos procedentes de los
dividendos y salarios generados por el sector. A eso hay que sumar una segunda
ronda: los menores ingresos fiscales se traducirán en desequilibrios a los que
los gobiernos tendrán que responder mediante ajustes fiscales que pueden
deprimir adicionalmente la demanda agregada. Paralelamente, es de esperar que
este deterioro macroeconómico conlleve un endurecimiento en el acceso al
crédito (tanto interno como externo) que retroalimente el ciclo recesivo.
China, uno de los principales sostenes financieros de estas economías, también
parece enfriarse por lo que la colocación privilegiada de la deuda soberana de
estos países puede sumar nuevas dificultades.
Según
las previsiones del FMI la peor parte se la llevará Venezuela, para cuyo PIB se
estima una caída del -3% este año y otro -1% en 2015. En principio Ecuador y
Bolivia podrían vadear la crisis puesto que se estima crecimientos del PIB del
4% y del 5% respectivamente para el año próximo, cifras exorbitantes desde la experiencia
europea pero que suponen una peligrosa desaceleración si lo comparamos con el pasado
inmediato. Además, hemos de tener en cuenta que estos cálculos fueron hechos
por el FMI suponiendo que el precio medio del petróleo sería de 102´7 $/barril
durante 2014 y 99´4 durante 2015, cuando actualmente el petróleo cotiza por
debajo de los 60$/barril.
El impacto
de los precios del petróleo ya se están dejando notar en las respectivas
balanzas de pagos y en los saldos presupuestarios. En el caso de Ecuador las
exportaciones han crecido este año a una tasa del 5´4% (un ritmo cuatro veces
menor que en años anteriores) y el déficit público cerrará en un -4´2% (también
cuatro veces superior al de años anteriores). En el caso de Bolivia, el mayor
peso de las exportaciones de gas frente a las petroleras, ha atenuado el impacto
de los nuevos precios: las exportaciones aún crecen a buen ritmo (9%) y el
presupuesto cerrará el año con un pequeño déficit (-0´4% del PIB). Venezuela es,
con diferencia, el caso más dramático: las
exportaciones han caído un 7´8% este año, que viene a sumarse a otra caída
de -8´8% en 2013 y el déficit público cerrará en un -2´8% del PIB. Estos
desequilibrios vienen a complicar aún más la hiperinflación crónica que sufre
el país y que ni en los mejores años del chavismo fue capaz de controlar: el
mejor dato fue el correspondiente al año 2001 (un 12´5%) y actualmente los
precios crecen a un ritmo del 63´4%.
Lo
que estos datos demuestran es que la sombra del ajuste presupuestario
sobrevuela las economías de estos países. Ante ese escenario merece la pena
defender el legado de estos años de gobierno y esperar que estos países
implementen medidas alternativas a las que los organismos multilaterales nos
tienen acostumbrados. El ajuste ante a caída de los precios del petróleo es sin
lugar a dudas inevitable, pero no tiene necesariamente que consistir en
recortes sociales ni en aumentos regresivos de la tributación. Confiemos en que
el coraje que han demostrado estos años ante los embates del FMI y el Banco
Mundial sirva ahora para enfocar el nuevo escenario.
martes, 30 de diciembre de 2014
Las posibilidades del petróleo barato
Estos
días es noticia la brusca caída del precio del petróleo en los mercados
internacionales. En realidad tipos de petróleo hay muchos, y el que sirve de
referencia para las economías europeas (el tipo “Brendt") ha pasado de cotizar
a 145 dólares/barril en el mes de junio a 58 dólares/barril de la actualidad,
lo que supone una reducción del 48%.
Dejando
a un lado las circunstancias geopolíticas que nos han conducido a este
escenario, lo cierto es que un petróleo significativamente más barato puede
acelerar la salida de la crisis. Según las estimaciones del FMI, la economía
europea crecerá este año un 0´8% y el año próximo un 1´3%. En el caso de España
el crecimiento estimado es de un 1´3% este año y un 1´7% el próximo. Estos
cálculos fueron hechos suponiendo que el precio medio del petróleo sería de
102´7 $/barril durante 2014 y 99´4 durante 2015. Lo cierto es que el año en
curso finaliza con un precio medio de 100´28$/barril lo cual hace pensar en una
revisión al alza de las estimaciones de crecimiento de nuestro PIB.
¿A
cuánto ascenderá el impacto del petróleo barato en nuestra economía? Estudios
del Banco de España estiman que una reducción del precio del petróleo en un 50%
causaría un incremento del PIB español de un 1´1%, sin embargo, no es probable
que en el corto plazo asistamos a un escenario tan favorable.
En
primer lugar porque el precio relevante a efectos de la economía europea es el
que se mide en euros, no en dólares. Desde junio el euro se ha depreciado un 9%
en relación al dólar, por lo que la reducción efectiva del precio del barril es
tan solo del 39%: si el euro continúa perdiendo valor frente a la moneda
norteamericana, el abaratamiento del petróleo tendría unos efectos más exiguos
sobre la economía.
En
segundo lugar, es necesario que esa reducción de precio se haga efectiva para
consumidores y empresas, y en toda la gama de productos derivados del petróleo:
de acuerdo con las estimaciones del IPC, desde junio los precios de los
carburantes y combustibles sólo han experimentado una reducción del 4´5%. Si la
reducción del precio del petróleo no se traslada con más intensidad y rapidez
al bolsillo de los consumidores no podrá generarse el efecto renta que ha de
impulsar el consumo privado y con ello el PIB. En este sentido, la estructura
oligopolística del mercado español de hidrocarburos se revela, una vez más,
como un lastre para la recuperación económica.
En
tercer lugar, debe tenerse en cuenta que los gobiernos suelen aprovechar las
bajadas de la cotización del petróleo para aumentar los impuestos sobre los
hidrocarburos de forma silenciosa. De hecho actualmente el precio sin impuestos
de la gasolina de 95 octanos es de 0´662 €/litro, y 0´689 €/litro el gasoil. Existe
el riesgo de que el gobierno del sr Rajoy aproveche la coyuntura para aumentar
la imposición sobre hidrocarburos y obtener ingresos fiscales adicionales que
le permitan cumplir con los objetivos de déficit público impuestos en el plan
de rescate firmado el 23 de julio de 2012 con la “troika”.
Por
último, pero no menos importante, debe tenerse en cuenta que un impacto sobre
el PIB como el que estima el Banco de España requiere una reducción “sostenida”
de la cotización del petróleo. Esto es: necesitamos varios trimestres
consecutivos para que el petróleo barato se traduzca en crecimiento y creación
de empleo. De hecho, según las investigaciones del Banco de España, las
variaciones del precio del petróleo tardan un año en traducirse en incrementos
del PIB.
En
resumen: la tendencia bajista en el precio del petróleo es una buena noticia,
pero lo sería aun mejor con una política gubernamental activa que sacase todo
el provecho posible del nuevo escenario… seis millones de desempleados no
pueden seguir esperando.
sábado, 29 de noviembre de 2014
El capitalismo mata: la austeridad y los suicidios en Grecia.
Según un artículo de investigación publicado por el doctor en Economía
Nikolaos Anatonakakis, de la Universidad de Portsmouth, las políticas de
austeridad son responsables directas de 500 suicidios en Grecia solo en
los años 2009 y 2010. Si extendiéramos el período de investigación la
cifras crecerías sustancialmente. El artículo puede encontrarse aquí: "Fiscal Austerity, Unemployment and Suicide Rates in Greece".
[Sobre las consecuencias de la política de austeridad fiscal en España puede consultarse: "Desigualdad y pobreza: deterioro de las condiciones de vida en España"].
[Sobre las consecuencias de la política de austeridad fiscal en España puede consultarse: "Desigualdad y pobreza: deterioro de las condiciones de vida en España"].
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